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JULIÁN AGUILAR GARCÍA

Abogado

Más perros que niños

Formo parte de una menguante minoría que prefiere tener hijos a poseer animales

Quien suscribe, sin ser San Francisco de Asís, no es enemigo declarado ni de los animales en general ni de las mascotas en particular. De hecho, tenemos trato recurrente con dos canes ajenos, Milú y Turco, y están mejor educados que buena parte de los bípedos implumes que conozco. No llego a aquello de Los Panchos (cuanto más conozco a los hombres, más quiero a los perros), pero lo entiendo. Aunque ciertamente los perros que me gustan, como los barcos, son los de los amigos y yo ni los tengo ni los tendría.

Por lo que hace a otro tipo de animales que conviven con los dueños de sus casas (que conviven por voluntad de los dueños, o de los hijos de los dueños y falta de carácter de éstos, porque hay otros animales, en ese caso bichos, involuntariamente acogidos, insectos, roedores, etcétera), tengo una predisposición menos favorable y comprensiva. Algunos amigos tienen serpientes en sus casas (o en su estudio de escultor) pero yo, por supuesto, estoy más de acuerdo con el cincuenta y uno por ciento de mi sociedad conyugal: las serpientes, en las ciudades, sólo deben verse en zapatos y bolsos.

En todo caso, lo anterior es irrelevante. Lo sustancial, a lo que voy tras estos meandros, es que parece que formo parte de una menguante minoría que prefiere tener hijos (entiéndase "tener" en sentido descriptivo y vulgar, no técnico jurídico, que ya sé que mis hijos no son míos sino de la ministra Celáa y otros indisimulados estatalistas) a poseer animales (otro día hablaremos de los derechos "de" los animales que parece haber proclamado el BOE).

Entiendo que las mascotas hacen compañía y son leales y que los hijos con frecuencia nos abandonan, aun sin maldad, simplemente por la fuerza de la vida. Soy consciente de que los hijos probablemente dan más quebraderos de cabeza que un ofidio o un batracio. No niego que los animales puedan ser, o al menos parecer, más inteligentes que algunos padres de la Patria (discúlpenme que use esta palabra que acaso me retrate como cruzado irredento). Pero creo que bajo el hecho de que haya en Sevilla más animales registrados como mascotas que niños subyace un problema grave y extendido: la falta de compromiso (de los hijos para con los padres, que necesitan compañía, y de los padres para con los hijos no nacidos y que no nacerán por comodidad, egoísmo o infantilismo de quienes no serán sus padres).

Que me perdonen todos los que querrían tener hijos y no pueden por mil posibles circunstancias. Y los que además de hijos tienen hámsters, gatos o periquitos. Sé que generalizo y no quiero molestar a quien no debo.

Al resto les animaría a pensar en el futuro. Es cierto que te puede salir un vástago del equipo de fútbol menos deseable o que suspenda hasta el recreo. Y que cuestan una pasta hasta que se emancipan, ya cerca de la jubilación. Pero hay al menos dos cosas que aportan los hijos y no los animales de compañía, pónganlas en el orden que quieran: descorchan botellas cuando vienen amigos a casa y dan sentido a la vida.

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