Editorial

Menos pesimismo empresarial

EL cuarto barómetro de percepción de la economía andaluza, coordinado por el prestigioso economista Manuel Ángel Martín, ha registrado un cambio significativo en el estado de opinión de los empresarios de Andalucía con respecto a la gravedad de la crisis y su evolución. Sondeados ochocientos ciudadanos y ochocientas empresas instaladas en la comunidad autónoma, el estudio refleja una opinión muy mayoritariamente anclada en que la situación económica es mala o muy mala, pero compatible con la percepción de una mejoría sobre las expectativas de futuro. En noviembre de 2008, en el barómetro anterior, un 68,7% de los encuestados pronosticaba que la economía andaluza iría a peor en el futuro, mientras que ahora el 64,9% piensa que seguirá igual o mejorará. Desde la prudencia, los autores del informe no llegan a hablar de optimismo en el empresariado, sino de una bajada del pesimismo en los últimos meses. Dos son los factores que explicarían la tendencia ligeramente variante de la opinión patronal: algunos datos favorables de la realidad económica, aún insuficientes, y los mensajes positivos de las autoridades, que parecen estar calando. Aunque no se deben echar las campanas al vuelo mientras persistan las causas de la crisis y, sobre todo, las debilidades estructurales de la economía regional, que no se arreglan a corto ni medio plazo, es indudable que esta percepción más positiva del estado de cosas constituye en sí un elemento de avance y dinamismo. Muchas veces se ha comentado que la crisis de consumo tiene un importante componente psicológico, ya que el temor al desempleo y, en general, a la recesión, hace que muchos agentes económicos se resistan a invertir y a gastar, contribuyendo de este modo, involuntariamente, a que la recesión se agrave y la atonía se apodere de los mercados. Si los empresarios están convencidos de que la situación va a ir a mejor, posiblemente se sientan más propensos a asumir los riesgos de una inversión. Eso por sí solo no convencerá a los bancos para que faciliten el crédito ni a los consumidores a gastar, pero constituye un buen principio. Con la depresión no llegamos a ninguna parte.

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