La esquina

josé / aguilar

Lo que piensan los españoles

NO ha sido muy representativa -ni, tal vez, oportuna- la fotografía de la ministra de (des) Empleo en la primera página de un periódico, blandiendo una sonrisa y un cartapacio con los datos del paro correspondientes al mes de diciembre.

Sí, en diciembre el paro bajó en 59.000 personas, y siempre es preferible que baje a que suba. Pero el año que recien termina ha sido en conjunto desastroso para el empleo, esa materia a la que Fátima Báñez dedica todos sus desvelos, y hasta sus oraciones, según confirmó ella al encomendarse a la virgen del Rocío. Podría ocurrir que la reducción del número de parados en diciembre -mientras el de afiliados a la Seguridad Social se pone al nivel de 2002, cuando había cinco millones de españoles más que ahora- no fuera signo de reactivación económica, sino de que muchos parados se han ido a trabajar al extranjero o han desistido, aburridos, de registrarse en las oficinas de empleo.

El optimismo de la ministra contrasta, desde luego, con la desconfianza de los españoles ante una eventual mejoría económica, que va unida a su desafección hacia los políticos a los que atribuyen, con no toda la razón del mundo, la misión de conseguir esa mejoría. No es una teoría, sino un estado de opinión constatado, también en diciembre, por el barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS): el 61% de los parados creen que es poco probable o nada probable que vayan a encontrar trabajo en 2013. Más aún, el 22% de los que están trabajando tienen miedo de perderlo a lo largo del año. La España real pone incertidumbre y temor allí donde la España oficial ha puesto -¡por un sólo mes!- luz al final del túnel, brotes verdes o "cambios en las entrañas de la sociedad", como ha dicho Cristóbal Montoro, otra alegría de la huerta.

La otra conclusión desalentadora del barómetro del CIS es que los políticos, la corrupción y el fraude han pasado por delante de la sanidad y la educación en el listado de los diez problemas que más preocupan a los ciudadanos. Se sitúan inmediatamente detrás del paro y la situación económica en general, que es, como siempre, lo que nos quita el sueño. Esto no es nuevo: este país ha mostrado anchas tragaderas con las corruptelas y la incapacidad de sus políticos cuando las cosas de la economía iban bien. Ahora que van rematadamente mal, no se deja pasar ni una.

No es nuevo, pero sí crecientemente grave. Por eso nadie se siente a gusto, ni representado, por una ministra de (des) Empleo que sonríe blandiendo los datos del paro.

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