la tribuna

Eliseo Monsalvete

Todos pierden o todos ganan

28 de abril 2012 - 01:00

DE pequeño vivía cerca de un campo de fútbol y escuchaba de forma cansina por los altavoces la siguiente frase: "La previsión es dueña del porvenir", pareciéndome poco inteligible. Ahora se me ha venido a la memoria tras releer a Bertrand Russell que, buscando la esencia de la civilización, llegó a la conclusión de que ésta se basa en combinar de forma adecuada la previsión y el conocimiento. La previsión es aquello por lo que somos capaces de soportar una situación dura en el presente para, con el esfuerzo, conseguir un futuro confortable. Mientras que el conocimiento es la herramienta para luchar contra atavismos, supersticiones y dogmas religiosos y sociales que a veces acompañan o enmascaran intereses de privilegiados.

Estamos viviendo una situación política y social muy compleja en Andalucía y en España, para la que se ven limitadas las formas habituales de hacer política por los partidos. Las propuestas de iniciativa política planteadas y luego aplicadas, que no siempre han coincidido, se están mostrando insuficientes para crear un ambiente estimulante que nos muestre la salida del túnel.

Si difícil es encontrar unas acciones políticas que nos hagan abrir camino, más lo será si no se cuenta con la implicación de la mayoría de las instituciones y representantes ciudadanos.

En el caso de Andalucía, tras las recientes elecciones, nos encontramos, primeramente, con algunos hechos que cuestionan la legitimidad de los resultados. Como la dimisión de un representante empresarial de forma inexplicable e inexplicada; o las descalificaciones e injurias hacia algunos partidos políticos y a los propios electores por parte de algunos medios de comunicación. Más preocupante han sido las actuaciones y opiniones de ministros que cuestionan la solvencia de Andalucía (de lo mismo que se queja el gobierno de España con relación a Sarkozy y como si el Gobierno de Andalucía no formara parte del Estado español); o la ministra de Sanidad, criticando con falta de argumento una medida de ahorro puesta en marcha por la Consejería de Salud, que luego se quiere hacer extensible a todas las comunidades al quedar evidenciada su eficiencia.

Por otro lado, nos encontramos con que tras un largo periodo de gobierno de un mismo partido, la comunidad se encuentra tan alejada como siempre de la renta media nacional y con un paro exorbitante a pesar de las transferencias públicas de la Unión Europea y del resto de España. A lo que se une un tejido productivo poco avanzado en tecnología y capital humano. Desde el punto de vista social se ha fomentado una política de "paños calientes", con reconocimiento de muchos derechos y mínima exigencia de deberes, junto con un encubrimiento de la mala situación económica mediante la negación del problema. Además se han puesto en marcha campañas que mostraban una realidad ilusoria y una falta de responsabilidad, tanto en representantes como en algunos grupos de ciudadanos.

El camino a elegir puede ser el continuismo, agravado por la reducción drástica de esas transferencias, o afrontar los cambios estructurales necesarios para un futuro próspero.

La política económica, que constituye el sustento para el desarrollo de todas las iniciativas políticas, precisa un ajuste del excesivo peso del sector público andaluz (profesionalización, reducción de organismos, tasas por algunos servicios públicos, sustitución de las subvenciones por ayudas a proyectos, gestión conjunta público-privada en algunos sectores como hacen algunos países escandinavos, evaluación independiente de los resultados a corto y largo plazo en los colegios, hospitales, universidades, etc.) y una política de competividad (en la que predomine la libre competencia, reducir el apoyo público a las empresas, el reconocimiento social del empresario y de la figura específica del emprendedor, gestión independiente de las políticas de formación, etc.).

El posible Gobierno andaluz que salga de los pactos se va a encontrar con la misma situación, si no peor, que el Gobierno central. Ante situaciones complejas no caben sino soluciones ponderadas, realistas y consensuadas que salgan de un ambiente positivo de colaboración por parte de los representantes ciudadanos, y en el que cuenten las personas y grupos de excelencia independientes que existen en nuestra comunidad. Es la hora de afrontar problemas y situaciones difíciles, de sumar, de ser flexibles y de buscar la parte positiva que cada uno puede aportar. También de exigir esfuerzos a los que tienen más medios y conocimientos, recordándoles que ellos pertenecen a un colectivo al que deben contribuir, pero siempre bajo el prisma de la responsabilidad. Para ello es necesaria una política de transversalidad y de orgullo de pertenencia a un colectivo tan vilipendiado como el andaluz, mediante un pacto entre los partidos, que incluya al resto de agentes sociales y a ciudadanos de excelencia en diversas áreas para que tras mucho debate se consigan resultados duros a corto plazo pero fructíferos en un futuro no muy lejano.

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