La ciudad y los días

carlos / colón

A los pies de Jesús Nazareno

HOY hace un año que depositamos las cenizas de mi padre a los pies de Jesús Nazareno, junto a las de mi madre, en la cripta de los Primitivos Nazarenos de Sevilla. Están en la misma nave en la que tantas tardes de tantos años él se sentaba para contemplar largamente a su Nazareno, en la misma nave en la que tantos domingos fuimos los cuatro -ellos, mi hermano y yo- a oír misa, en la misma nave en la que él formó en el entonces breve cortejo de nazarenos de cera morada, en la misma nave en la que cada noche de Miércoles Santo se ponen los azahares de Santa Eufemia al palio de la Concepción y en la que cada Domingo de Resurrección, en la Misa del Azahar, los pajecillos reparten su amarillenta belleza marchita que rebosa de las canastillas forradas de terciopelo morado.

Para quienes esperamos la resurrección de los muertos y seguimos estos silenciosos ritos no aprendidos, sino heredados, es un consuelo que los nuestros descansen junto a las sagradas imágenes que dieron sentido a sus vidas y sostienen nuestra esperanza. Están allí al abrigo del olvido porque, aunque con el paso del tiempo y de las generaciones los suyos los olviden, la hermandad nunca los olvidará, nunca desatenderá el cuidado de su sepulcro, nunca dejará de pedir por ellos en sus cultos y nunca dejará de decir cada noviembre una misa por sus almas.

Más hermosos o más feos, más artísticos y mejor ajardinados o más groseramente convertidos en amazacotadas colmenas, los cementerios tienen siempre esa tristeza sin consuelo que produce, no la muerte, sino el olvido. Nombres medio borrados, lápidas cuarteadas que dejan asomar las pavorosas entrañas de la tierra, viejos nichos vacíos como cuencas de calaveras… Gracias a las hermandades ya no se quedan tan becquerianamente tristes y solos los muertos. Ni tristeza sin consuelo, ni soledad sin remedio, ni olvido sin cuidados y oraciones les aguarda. Se muestra allí de la forma más cálida, sencilla y emocionante la importancia que tiene en nuestras vidas la devoción seria a las sagradas imágenes sin la que nuestras hermandades serían peñas o casinos y nuestra Semana Santa, una mascarada. Si Antonio Machado escribió que "un golpe de ataúd en tierra es algo perfectamente serio", el depósito de la urna con las cenizas de un hermano en la cripta de su hermandad, a los pies de la sagrada imagen, es la mejor expresión de la perfecta seriedad de la devoción cofrade.

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