Un pinchazo en la secesión

EL seudorreferéndum del 9 de noviembre convocado por el presidente de la Generalitat, Artur Mas, lejos de reforzar la marea independentista, parece haberla enfriado. El resultado de la pretendida consulta ya resultó objetivamente un fiasco por Mas y todo el frente de la secesión de España: todo el esfuerzo del Gobierno catalán para hacer triunfar el referéndum, ilegal e ilegítimo, concluyó con una participación minoritaria y nada unánime, de modo que el balance final de la farsa fue que apenas uno de cada tres electores de Cataluña (incluyendo a menores de 16 años en adelante y extranjeros) dio el sí al proyecto separatista de Mas, proclamando su apoyo a un Estado propio independiente de España. El tiempo transcurrido desde el 9-N no ha hecho más que consolidar esta tendencia de la sociedad catalana, que se resume en que no existe un bloque compacto decidido a la secesión -y la división entre CiU y ERC sobre qué hacer así lo muestra cada día- y, sobre todo, en que la sociedad catalana es plural, diversa e integrada por sectores y colectivos heterogéneos, no manipulables en una especie de movimiento nacional pro independencia como el que Mas y Junqueras intentan organizar en su beneficio. La primera gran encuesta realizada por el Centro de Estudios de Opinión, organismo de la Generalitat, tras el fracaso de noviembre ha venido a en friar aún más la caldera secesionista: aunque CiU y ERC casi sumarían una mayoría absoluta, la pregunta directa a los ciudadanos catalanes sobre su voluntad de que Cataluña sea un Estado independiente fue contestada de forma negativa por más encuestados que los que respondieron afirmativamente. En cualquier caso, el sondeo arrojó un resultado muy equilibrado entre las dos opciones planteadas, lo que refleja la complejidad del conflicto y cuestiona la actitud de los que están dividiendo a la sociedad catalana con un planteamiento que, para ser legítimo y viable, requeriría apoyos populares muy elevados. Por otra parte, el Centro de Estudios ha confirmado que los principales problemas de Cataluña, según los catalanes, son el paro y la precariedad laboral, la insatisfacción con la política y el funcionamiento de la economía. Sólo en cuarto lugar aparecen las relaciones con España. El Gobierno de Artur Mas, que carece de gestión que presentar a sus ciudadanos, dedica todas sus energías, su tiempo y su actividad a pretender resolver un problema que para los catalanes solamente ocupa el cuarto lugar en su escala de importancia y preocupación. Probablemente esta distancia entre la Generalitat actual y los catalanes gobernados por ella explica en buena parte la rebaja de las expectativas de avance de la secesión.

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