la tribuna económica

Gumersindo / Ruiz

Un plan de choque para Andalucía

LAS dos noticias más significativas de la semana pasada han sido el esperado acuerdo en la Unión Europea sobre cómo resolver los desequilibrios provocados por la deuda pública y la confirmación de que nuestro paro es un problema muy complejo contra el que no valen recetas fáciles, la intuición o el sentido común.

Una vez fijada la cuestión de la deuda griega, se ha querido reforzar el sistema financiero con mayores exigencias de capital, considerando la tenencia de deuda pública como algo con cierto riesgo. No hay evidencia alguna de que mayor capital haya significado nunca menos crédito. Éste depende del tipo de interés, la liquidez y la situación en que se encuentren las familias y los negocios. No olvidemos que una fuerte capitalización permite a las entidades financiarse a un coste más bajo y obtener así recursos para prestar.

Las cifras del paro no deberían resultar sorprendentes: son consecuencia lógica de la incapacidad de nuestra economía para generar empleo estable. No entiendo cómo se sigue insistiendo en la reforma del mercado de trabajo y la negociación colectiva cuando es evidente que no hay ni habrá demanda de mano de obra por parte de empresas productivas. En España la población activa se ha estancado y en Andalucía sigue creciendo, con lo que se da la paradoja de que aumenta el número de personas que trabajan y también el de parados, y esto con un aumento de horas trabajadas, lo que ya era habitual con respecto a países de nuestro entorno.

La cuestión es que, para que la economía funcione, los mismos vicios que dieron origen a la crisis - confianza, consumo, crédito, excesivos- son las virtudes que ahora necesitamos. El consumo público y privado están muy limitados, el crédito también, tanto por las entidades financieras como por la falta de demanda solvente. La salida del comercio exterior la tenemos abierta y va bien, pero no es suficiente para generar el empleo que se precisa, y las inversiones públicas y privadas están retraídas. Esto nos lleva a plantear que, al igual que el problema de la deuda ha sido un problema de Europa, no podemos salir solos de la situación en que nos encontramos.

En el anexo 1 de la Declaración de la Cumbre del Euro se plantean reuniones periódicas para definir políticas para la competitividad y convergencia en la zona del euro. Se emitirán eurobonos para financiar infraestructuras, entre las que se encuentra el corredor Mediterráneo, dentro de la red europea de transporte, que tanto favorece a Andalucía. Sin entrar en el inútil juego político de los agravios comparativos, de qué perdemos y qué ganamos, sí es necesario -ahora que la situación financiera en Europa se estabiliza- plantear el problema del paro con la complejidad que implica la transformación de nuestra economía. Un plan de choque de inversiones europeas es otra vez la única salida, y no sólo en infraestructuras, sino en conocimiento, tecnología y actividad productiva. Lo que no quita para que profundicemos en tomar conciencia de que la situación anterior a la crisis no es repetible ni deseable, y con ello en la necesidad de un esfuerzo colectivo excepcional, justamente repartido.

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