Los sin playa

Esa tristeza de la pérdida de la playa, esa añoranza de Chipiona y Matalascañas, también hay que pregonarla

Aunque no lo parezca del todo, hoy es Jueves Santo. En Sevilla se ha cambiado la silla por la mantilla. Me refiero a todas las sillas: a la cofradiera de la Campana o Sierpes, y a la playera de Rota o Punta Umbría (por no decir Chipiona o Matalascañas, que es lo que siempre se dice, las playas más sevillanas no las hay, con permiso del confín perimetral). Por el contrario, han organizado una campaña para que las sevillanas vistieran la mantilla este Jueves Santo. Prenda de por sí feminista y femenina, por motivos obvios, cuya utilidad no es para salir a ver procesiones, sino para llevarla a las celebraciones eucarísticas de los santos oficios del día y para visitar los sagrarios, como se ha explicado miles de veces.

Hoy es Jueves Santo, ya lo sabéis, y este era el día de las colas ante el Señor del Gran Poder y las vírgenes de la Esperanza en la Macarena y Triana, a las que este año se suman las 50 colas más que estamos viendo desde el Domingo de Ramos. En total, entre el Jueves Santo y la Madrugada, deberían salir 13 cofradías de larga historia y gran devoción, de las cuales no veremos ni una en las calles. Pero hoy era también el día en que los no capillitas se iban a las playas del entorno. A veces se iban aunque lloviera, aunque el pronóstico del tiempo de José Antonio Maldonado fuera borrascoso, aunque en las playas de la costa atlántica de Huelva y Cádiz soplara un poniente de resfriado seguro. Irse a las playas también era un rito sevillano.

Hoy es Jueves Santo, sí, y hay varias formas de vivirlo. Lo siento, pero todos no pueden pasar bajo el arco vestidos de armaos. Y el sevillano playero de Semana Santa era un prototipo. En una ocasión tuve que salir del núcleo urbano de Sevilla un Miércoles Santo por la tarde y pude comprobar que entraban muchos coches, que venían a lo que venían. Pero salían casi igual. Era una autopista de ida y vuelta.

También las playas se han perdido. Por culpa de las medidas del coronavirus. Esa tristeza de la pérdida de la playa, esa añoranza de Chipiona y Matalascañas (otra vez) hay que pregonarla. Porque son hijos e hijas de Dios, que se iban a tostar para la Feria, o hacer como que se tostaban y pillaban un poquito de color. Este año se van a quedar más blancos y más blancas que una túnica de la Borriquita.

Hoy es Jueves Santo…Y ése es el temor: a ver si se les ocurre vengarse a las sin playa vistiendo todas de mantilla; y a los sin playa de traje y corbata, a falta de bañador. Y venga a merendar torrijas en los bares. Y venga a formar colas… Como si fuera un Jueves Santo como Dios manda. Cualquier cosa para que vigile el Cecop. Y habrá toque de queda, que no es lo mismo que el toque de cornetas en Triana.

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