Desde mi córner

Luis Carlos Peris

Un pleito entre la 'vendetta' y la obsesión

ESPECTACULARMENTE alargada, la sombra de Alfredo di Stéfano se proyecta y ensombrece las semifinales del Mundial. Nada menos que la penúltima etapa de la mayor carrera futbolística del orbe se ha visto influenciada por la desaparición del que muchos considerásemos el mejor futbolista de todos. Y así, con el ánimo contrito por la muerte de la leyenda más creíble se afronta el pulso que nos desvelará el otro finalista del campeonato.

Se juega en Sao Paulo y es una reedición de aquella final del 78 que tan fresca conservamos en el arcano más alejado. Aquella tarde en el Monumental bonaerense, los palos detuvieron a Rensenbrink y no pudieron con Marito Kempes. Era la segunda final que perdía la Naranja Mecánica tras haber caído cuatro años antes bajo el peso de la Alemania de Franz Beckenbauer y de Gerd Müller y a pesar de contar con el mejor Johan Cruyff de cuantos pudimos disfrutar.

En Argentina no estuvo Cruyff como objetor del régimen de Videla y su cuadrilla, aunque quizá fuese excusa en defensa de sí mismo. Holanda perdería otra final, la de 2010 con España, y hoy ve la oportunidad de llegar a la cuarta. Llega Argentina sobreexcitada por su agónica victoria sobre Bélgica, aunque en excitación no se quedan atrás los tulipanes, que vienen de la cita con Costa Rica llenos de ánimo tras haber echado el miedo del cuerpo en una tanda histórica.

El partido no parece que vaya a ser mucho más que un Messi-Robben. Un azulgrana y un ex madridista al mando de las operaciones y con el fútbol que nace del vértigo como argumento. Son los mascarones de proa de dos bandas que saltan a la yerba paulista con Maracaná entre ceja y ceja, como cita obligada para la tarde del domingo próximo. ¿Será capaz Holanda de vengar la afrenta bonaerense? ¿Verá cumplida Argentina la obsesión de poder campeonar en Maracaná?

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