La ciudad y los días

Carlos Colón

ccolon@grupojoly.com

Más poblachón que ciudad

Una ciudad de 700.000 habitantes en cuyo centro histórico sólo hay tres cines y dos teatros es un poblachón

El centro de Sevilla se sigue vaciando de cines. Tras el cierre de las salas de Plaza de Armas ya sólo queda su vecino Avenida Multicines, las salas Alameda y el histórico y heroico Cervantes, el teatro más antiguo de la ciudad que ha quedado en pie -obra de Juan Talavera de la Vega inaugurado en 1873- tras el derribo en 1973 del teatro San Fernando justo cuando cumplía 130 años, y único cine histórico que ha logrado sobrevivir tras dedicarse exclusivamente a las proyecciones cinematográficas desde hace más de medio siglo.

Esta ciudad llegó a contar en el centro con doce salas de estreno -Coliseo, Llorens, Imperial, Palacio Central, San Fernando, Pathé, Villasís, Cervantes, Trajano, Álvarez Quintero, Rialto y Florida- a las que hay que sumar el cine Los Remedios, los modernos Azul, Fantasio y Corona, los que en distintas etapas pasaron de ser salas de reestreno a salas de estreno en el centro o los barrios históricos -Avenida, Regina, Apolo, San Vicente, Victoria, Bécquer, Andalucía o Alkázar- y muchos otros en los barrios dedicados a los reestrenos: Juncal, Nervión, Goya, Delicias, Lux, Emperador, Astoria, Felipe II, Heliópolis, Mayte, Rochelambert, Rocío, Esperanza, Bosque u Olimpia. En total entre 50 y 60 salas de las que tras el apocalipsis cinematográfico iniciado en los años 70 hoy sólo sobreviven tres en el centro y ninguno en los barrios (otra cosa son las multisalas insertadas en centros de ocio y consumo).

Si se supone que los cines y los teatros son equipamiento cultural podría hablarse, sin ser acusado de nostálgico, de retroceso; al igual que sucede con las librerías, de las que cada vez van quedando menos. Cambio de hábitos, nuevos modos de recepción de películas y necesaria adaptación a ellos, desde luego. Pero no por eso puede dejar de percibirse como empobrecimiento. Además de una importantísima pérdida arquitectónica de edificios sobre todo regionalistas y racionalistas en muchos casos de gran valor. Una ciudad de casi 700.000 habitantes en cuyo enorme centro histórico hay tres salas de cine, dos teatros (ambos de financiación pública) y dos o tres librerías es un poblachón. En 1950, con la mitad de población, el centro multiplicaba por mucho este exiguo número de cines, teatros (de gestión privada) y librerías. Curiosa forma de entender el progreso esta de vaciarse de librerías, teatros, cines… Y cafés, que tampoco hay que olvidarlos.

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