Desde mi córner

Luis Carlos Peris

¿Quién podía prever un final así para Iker?

HUBIERA sido impensable un final de carrera como el que está teniendo Iker Casillas. No me considero legitimado para calificarlo como el mejor portero del fútbol español desde que Ricardo Zamora abriese la nómina de porterazos que han defendido las porterías españolas, pero no cabe la menor duda de que ninguno ha sido tan importante como él. Por eso la extrañeza que supone ver cómo se está desarrollando su etapa postrera.

Hay personajes que van causando daño por donde quiera que van y en la vida de Iker hay uno muy especial. Sin duda alguna, el causante del desencuentro que se está dando entre un sector del Bernabéu y el legendario guardameta es José Mourinho. Y lo peor de todo es que el mal vino por el intento, loable por cierto, de pacificar la vida en el equipo de todos, o de casi todos, la selección nacional. Aquella llamada a Puyol y a Xavi fue el lodo que trajo estos polvos.

Todo si es que puede llamarse lodo a una acción tan limpia y llena de bonhomía como fue aquel contacto telefónico que acabó de un plumazo con el mal rollo que había creado el portugués a través de una serie de Clásicos bochornosos. Pero lo que no podíamos imaginar es que la cosa no iba a solucionarse a pesar de que el causante ya no está. Y no sólo no se arregló sino que ha ido empeorando de tal forma que la marcha de Iker de su club de siempre está cantada.

Por supuesto que nadie es eterno y que el fin de Iker como portero del Madrid, el más laureado de todos, incluidos Ricardo Zamora, Juanito Alonso, Miguel Ángel y Buyo, está cantado. Lo que nunca pudimos imaginar es que la herencia de Mourinho dejase este poso de amargura. Afortunadamente para Iker ha encontrado un valedor magnífico en la figura de Vicente del Bosque, el entrenador que mejor maña se da para templar gaitas desde que el fútbol es fútbol.

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