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¡Oh, Fabio!

Luis Sánchez-Moliní

lmolini@grupojoly.com

Una polémica medieval

Lo mejor del medievalismo español y el sentido común parecen indicar que la Mezquita pertenece a la Iglesia católica

Es llamativo que, en unos momentos en los que las Humanidades se encuentran cada vez más arrinconadas en nuestro sistema de enseñanza, el debate público español y andaluz esté copado por enconadas trifulcas históricas. Y no nos referimos sólo al Valle de los Caídos y a las muchas trampas de la llamada (con evidente exceso de optimismo) memoria democrática, sino sobre todo al divertido, erudito y casi surrealista debate sobre si la Mezquita-Catedral de Córdoba pertenece al Estado o a la Iglesia católica. De repente, nuestros periódicos se han plagado de sesudos análisis de privilegios rodados de Fernando III o de menciones a las Siete Partidas y a la Crónica de los veinte reyes de Alfonso X. De fondo se atisba uno de los viejos fantasmas de la historia contemporánea de España: la cuestión religiosa. Evidentemente, el debate de la Mezquita no es más que una anécdota ante cumbres del anticlericalismo como fueron Mendizábal, la Gloriosa o Azaña, pero nos resulta inevitable no advertir en la disputa una reminiscencia, aunque sea pálida, del tradicional anticatolicismo de nuestra progresía. En las filas de la siniestra, apenas Felipe González supo sacudirse ese resabio y no tuvo dudas en impulsar las obras de la Almudena. "Madrid debe tener una catedral", dijo el antiguo alumno de los claretianos, y se fumó uno de esos puros descomunales que le mandaba Fidel.

Nuestros limitadísimos conocimientos en diplomática medieval nos impiden, al contrario que a la alcaldesa de Córdoba, Isabel Ambrosio, o al poliprogre Federico Mayor Zaragoza, tener una idea clara de lo que los viejos monarcas de Castilla decidieron sobre la propiedad del templo. Pero todo parece indicar, tanto por la opinión de lo más granado del medievalismo español (pronto habrá novedades importantes en este sentido) como por el sentido común, que el templo cordobés es propiedad de la Iglesia. Suele pasar: las catedrales pertenecen a las diócesis. Lleva siendo así desde hace siglos.

Toda esta polémica recuerda a la que en su día se produjo sobre el Hospital Militar de Sevilla. La Junta de Chaves y una parte de la opinión pública se pasaron años reivindicando su uso civil, alegando urgentes necesidades sanitarias. Finalmente, gracias a la decisión de ese nefasto ministro de Defensa que fue Federico Trillo, consiguieron el traspaso. Hoy, el que fuera uno de los hospitales militares más modernos de España es una triste mole abandonada, un monumento a la incompetencia del Gobierno andaluz.

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