PASA LA VIDA

Juan Luis Pavón

Los políticos sin partido

EL andalucismo pierde votos y gana cismas. Ya va siendo un clásico que sus batacazos se conviertan en escisiones. Pedro Pacheco dio el portazo y fundó un partido personalista que se consumió en el caldo de Jerez arruinado. Pilar González ha fracasado en sus denodados intentos de reintegrar al andalucismo en los escaños, y se va del PA para reunirse con otros políticos que crean una plataforma andaluza de línea progresista, equidistante de PSOE e IU en inminente coalición.

Aunque el bipartidismo le parezca inamovible a buena parte de la población, es una impresión equivocada. Tiene muchos resortes para reiterarse, pero la gravedad de la crisis puede provocar que el hartazgo ciudadano se materialice en una gran revuelta y en un rechazo en las urnas a quienes se alternan en la gobernación del Estado. Si en lugar de sumar entre los dos un 80% de los votos bajan a un 60% de los sufragios, entonces hay partido... para más partidos. Y proliferarían los políticos, se sientan o no versos sueltos, con ganas de dar un salto al vacío para coger la ola buena frente a la erosión de PP y PSOE, y seguir así enganchados a la vida política y a vivir de la política.

Una fuerza política de raíz andaluza sólo tiene visos de enganchar a la juventud si ocurre una catarsis por mor de la crisis, el paro y la corrupción, y se produce otro momento histórico de cambio de ciclo, catarsis y profunda reforma de la Constitución. En 37 años han sido muchos los intentos. Los ha habido de derechas, de centro y de izquierdas, más vinculados a impulsos de personas destacadas que a la movilización de bases sociales. Todos con un viso de reivindicación andaluza aunque no se denominen andalucistas como el andalucismo que logró triunfar por proceder de los movimientos antifranquistas y verse propulsado por el deseo de libertad y autonomía de una sociedad que descubría la democracia y destilaba entusiasmo. Conforme quedaba atrás en el tiempo ese momento histórico especial, el andalucismo se diluyó en sus contradicciones y en sus vacuidades. Y, sobre todo, en la falta de identidad regional de los andaluces.

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