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La esquina

José Aguilar

jaguilar@grupojoly.com

La pompa y la bilateralidad

Lo desconcertante de este teatro Sánchez-Torra es que todavía no sabemos si acabará siendo cómico o fúnebre

Se imaginan que Moreno Bonilla exigiera que el presidente del Gobierno de España viniera a San Telmo a negociar, de tú a tú, las reivindicaciones de Andalucía sobre la liquidación del IVA, la financiación de la comunidad autónoma o las inversiones públicas cuantificadas en el Estatuto? ¿Que el presidente aceptara el desafío y se presentara aquí con un ofertón de 44 puntos para el Reencuentro? ¿Que Moreno Bonilla bajara a recibir a Pedro Sánchez a la puerta de la antigua Escuela de Mareantes, le condujera por la alfombra roja camino de su despacho, inclinara la cabeza ante la bandera blanca y verde y vistiera de gala a los agentes de la Policía Autonómica (en el caso, improbable, de que tengan uniforme de gala)? ¿Que el presidente de la Junta, con un pin en la solapa reivindicando la derogación de la ley del aborto, le hubiese regalado al del Gobierno dos libracos sobre los derechos humanos en sugerencia envenenada de que los lea y los aplique? ¿Que, a todo esto, Moreno Bonilla, en el momento de la visita, hubiera sido inhabilitado por la Justicia por desobediencia y despojado de su escaño de diputado en el Parlamento de Andalucía, teniendo que anunciar que así no puede gobernar más tiempo y que convocará pronto las elecciones anticipadas? ¿Se lo imaginan? Sería un espectáculo entre irrisorio y patético. Por las dos partes.

Es lo que se vivió en Cataluña el jueves. No sé qué impacta y espanta más, si el montaje de Torra para simular, con éxito, que aquello era un encuentro entre iguales, como una cumbre de jefes de Estado que se disponen a negociar asuntos que interesan a las dos partes, con toda la pompa y la pretenciosidad de tales ocasiones, o las tragaderas de Sánchez, apenas aliviadas por la mueca de disgusto con la que aguantó la parafernalia desplegada por su interlocutor: un presidente ilegítimo, condenado, teledirigido por un prófugo de la Justicia y que se dispone a abandonar con celeridad la escena. No importa pasar un mal rato si se da gusto a los que le llevan a uno al Gobierno de la nación y acaparan del resorte para mantenerlo. O para quitarlo.

Dice el Diccionario que pompa es "acompañamiento suntuoso, numeroso y de gran aparato, que se hace en una función", y añade sobre la función: "Ya sea de regocijo o fúnebre". Lo desconcertante de esta función catalana de Sánchez, Torra y Junqueras es que todavía no sabemos con precisión si acabará siendo regocijante o funeraria.

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