Palabra en el tiempo

Alejandro V. García

Todos los presagios

LA primera vez que una encuesta dio ganador en Andalucía al PP, cuando faltaban aún casi tres años para las elecciones autonómicas, un dirigente socialista declaró que no, que no se lo creía y que además era imposible. ¿Cómo, debió preguntarse desde el centro de su estupefacción, va a ganar un tipo (Arenas) que durante décadas no ha hecho un solo merecimiento, que ha perdido sistemáticamente y que, por si fuera poco, no ha planteado nada interesante en los últimos tiempos, un político que ha llegado a perder incluso a su contrincante biológico (Manuel Chaves), pero al que sigue nombrado con la misma insistencia delirante con que los mancos se duelen del brazo que les falta? Desde aquella primera encuesta se han sucedido muchas más y todas con el mismo mensaje: el PP obtendrá la mayoría en 2012. Seguramente en España no, pero en Andalucía sí ha sido necesaria esa sucesión constante de vaticinios. El triunfo político encallece pronto y vuelve insensible la carne. Y después de treinta años de ganancias continuadas hay que golpear duro y con reiteración para que el ganador admita por fin la posibilidad de la derrota.

Yo no creo que se hayan hecho más encuestas ni tan machaconamente como en los últimos dos años. Todos los periódicos y los grupos de comunicación han querido tener la suya a pesar (o por eso mismo) de la similitud de los resultados, porque algunas encuestas ya no pretenden tabular las intenciones de voto sino propinar su propio martillazo a las expectativas socialistas.

Cinco encuestas han aparecido en los alrededores del Día de Andalucía proclamando el mismo presagio. Además del Barómetro Joly han aportado su propia estimación los diarios El País, grupo Vocento, Público y La Razón. Y la conclusión es idéntica salvo algunas diferencias en el cálculo de los porcentajes: el PP está al borde de la mayoría absoluta en Andalucía. ¿A fuerza de tanto y reiterado golpe de baremo la dura piel de los socialistas se ha agrietado y las terminales nerviosas han percibido la inminencia del fin de etapa? En la mayoría de los casos sí, aunque algunos aún se aferran a la posibilidad de un gobierno de izquierdas con IU si el PP no logra la mayoría absoluta. Es la última esperanza. Esa resistencia a admitir la derrota ha obrado en contra del PSOE. Le ha impedido, por ejemplo, dar un golpe en la mesa y poner patas arriba una administración descontrolada, en manos de demasiados amigos de la causa y tan complaciente como para no detectar casos tan campanudos de corrupción como el de los ERE. Le ha impedido salir del ensimismamiento engordado victoria a victoria y reconocer los muchos errores propios y sobre todo el abotargamiento de una política que muere víctima de su propia molicie y su propia complacencia.

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