La ciudad y los días

carlos / colón

Eres tú mi príncipe azul...

UNA cosa es que se celebraran fastos de alta costura, doseles, cetros, coronas, carrozas tiradas por airosos corceles, lacayos con peluca, cortesanos con goznes en la cintura para hacer mejor las reverencias, trompeteros y doña Letizia cantándole a Felipe VI "eres tú mi príncipe azul que yo soñé" para desesperación de la Maléfica republicana, y otra cosa es convertir la proclamación del nuevo Rey de España en un acto casi de tapadillo, más rácano que sobrio, más acomplejado que solidario con la crisis, más temeroso de cabrear a los republicanos que convencido de que la monarquía parlamentaria es la mejor solución por ser la más probada con mayor éxito democrático.

Uno, que como la mayoría de los españoles (si no les siguen intentando intoxicar diciéndoles que la monarquía parlamentaria es incompatible con la democracia) es un monárquico-parlamentario pasivo y pragmático, no espera ni desea que la proclamación sea un espectáculo tipo La bella durmiente on ice. Ni tan siquiera que se revista con la espectacular pompa que acompaña a los presidentes de algunas repúblicas europeas, Francia e Italia sobre todo, pródigas en coraceros, dragones, bicornios con penachos y chacós con plumas.

Pero tampoco que se haga como algo un poco vergonzoso, como de puntillas y sin querer llamar la atención. No por mostrarse más solidariamente sobria la monarquía parlamentaria logrará el respeto constitucional discrepante de los republicanos extremistas que prefieren las urnas de un apresurado referéndum a las urnas cuatrienales de la elección de un Gobierno a las que concurrieran llevando la propuesta republicana en su programa.

Ni en uno ni en otro caso, según las más recientes encuestas, parece que ganaría la opción republicana. Según la de Metroscopia para El País la monarquía parlamentaria gana con un 49% frente a un 36% republicano y el futuro Felipe VI recibe una valoración de 7,3 sobre 10. Según la de Sigma Dos para El Mundo la victoria constitucionalista o monárquico-parlamentaria sería de un 55,7% frente a un 35% republicano. Por eso, tal vez, han optado por la calle y el vocerío -cosas legítimas en una democracia- y por la mentira y el insulto -cosas no legítimas- en vez de llevar la propuesta en sus programas. Aunque sea a costa de generar artificialmente tensiones en una situación política, territorial, económica y social sobrada de ellas. A río revuelto…

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