La ciudad y los días

Carlos Colón

ccolon@grupojoly.com

Ellos son el problema, no Franco

Franquistas no hay. Lo que hay, y sin parar de crecer, es desafección hacia los partidos y los políticos

Ahora resulta que quienes pasearon una vagina en un simulacro de paso haciendo la parodia de una procesión y coreando blasfemias no tenían intención de ofender los sentimientos religiosos. Quizás, salvo que se ataquen físicamente espacios o símbolos, lo más inteligente sea ignorar estas groserías. Las denuncias que raramente prosperan y los juicios que nunca se ganan les sirven de publicidad y les permiten hacerse las víctimas de lo que llaman justicia patriarcal. La interpretación de manga ancha que se hace del derecho a la libertad de expresión está de su parte.

Si además se producen meteduras de pata como la de Díaz Ayuso, se les ponen las cosas fáciles. Se equivocó en su exagerada valoración negativa ("me espanta") de la Ley de Memoria Histórica y la exhumación de Franco. Donde se entierre al dictador le importa un pimiento a la mayoría de los españoles porque el franquismo no es un problema real: no hay partidos que lo reivindiquen ni peligro de dictadura. Franquistas no hay. Lo que hay, y sin parar de crecer, es desafección de los ciudadanos hacia los partidos y los políticos. Para el 45,3% de los encuestados por el último CIS son, tras el paro y a menos de 15 puntos de distancia, el mayor problema de España. Esto, y no Franco, es lo que debería preocupar a Sánchez y a sus colegas de todos los partidos. En cuanto a la Ley de Memoria Histórica debe distinguirse entre sus aspectos positivos, como la digna sepultura de las víctimas, y su manipulación para crear eso que ahora se llama un relato que se superponga a lo que con rigor los historiadores investigan. Se trata de negar u ocultar las responsabilidades de la izquierda en la crisis y caída de la República, presentar al PSOE como el único partido capaz de "cerrar simbólicamente el círculo democrático" poniendo fin a "un capítulo oscuro de nuestra historia" (Sánchez en la ONU) y proyectar sobre el PP la sombra del franquismo. Pura propaganda.

Y se equivocó Díaz Ayuso al preguntarse con ridícula exageración si tras la exhumación arderán las parroquias como en el 36. Ha sido tan torpe que ha puesto fácil achacar al PP el "arderéis como en el 36" repetido una y otra vez por la izquierda radical (entre otras por las participantes en la procesión blasfema de Sevilla), atribuido a Rita Maestre cuando asaltó la capilla de la Complutense y pintado en los muros de muchas iglesias. No debería sumarse ruido al ruido.

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