Ojo de pez

pablo / bujalance

El problema

PARTE del problema sí es de índole religiosa. Muchos han recordado después del atentado en París que el Islam es una religión de paz. Pero convendría dejar claro que las religiones son medios, no fines; y que, por tanto, pueden ser expresiones y argumentos de paz y de guerra, de violencia y de entendimiento, de condena y de redención: todo depende de la voluntad y la intención de quien decida emplear el instrumento. El problema, en este sentido, no es lo que digan un libro o una tradición, sino el modo en que quien lee o escucha esté dispuesto a interpretarlos. La historia del cristianismo así lo ha dejado manifiesto, y la del Islam no iba a ser menos. Pero sí existe una evidencia: el Islam todavía tiene que completar su trayecto hasta la asimilación de la distinción entre moral particular y ética universal. Occidente ya culminó esta tarea (al menos, en su mayor parte), y si los musulmanes quieren dejar de habitar la periferia y abrazar la integración aquí, no tendrán más remedio que seguir los mismos pasos, sin reservas y sin peros (comprobarán, quienes aún no lo hayan hecho, que su compromiso religioso no queda mermado). Una vez que el Islam desista del empeño en juzgar al mundo en función de su reducida óptica y su idiosincrasia, hasta en los pequeños gestos, el fundamentalismo habrá perdido toda su razón de ser.

Sin embargo, la mayor parte del problema obedece a otra cuestión de la que, por el contrario, apenas se ha hablado estos días: la educación. Los terroristas no eran talibanes barbudos ni doctos exégetas del Corán, por más que el padre de alguno si lo fuera: eran tipos criados en los suburbios que se habían pasado la vida digiriendo aberraciones vía hip-hop (de hecho, soñaron en su momento con ser estrellas del género) y con la cabeza lo suficientemente vacía para servir de blanco fácil a los yihadistas yemeníes a través de internet. Igual que otros europeos y europeas (también españoles y españolas) ansiosos por llegar a Siria para arder como mártires. Es el mismo problema por el que los adolescentes reproducen comportamientos machistas con más determinación que sus padres. Y el problema es muy sencillo: si la educación desiste de su responsabilidad en amueblar la cabeza de los jóvenes europeos con los mejores valores de Occidente, ahí fuera esperan legiones de criminales sedientos de poder para ocupar su espacio con mucha basura y más hip-hop.

Así que cuando el Gobierno reduce en el curriculum educativo las humanidades y el espacio para el debate en virtud de la eficacia en su acepción más impersonal, ya sabemos que no educamos a personas. Cuidado.

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