El poliedro

Nuestra propia tormenta perfecta

XAVIER Sala i Martín es directivo del Barça con aspiraciones a presidente, independentista catalán y desinhibido usuario de extravagantes americanas y corbatas. Economista y catedrático de la Universidad de Columbia en Nueva York, sus líneas de investigación incluyen la sugerente tesis de que la gente de derechas es más feliz que la de izquierdas (el hecho de ser creyente y de tener dinero cuenta para tal afán humano, dice) y aquella otra que sostiene que la inmigración -que no vota nacionalista- debilita el sentimiento de pertenencia a la colectividad, en concreto la de su Cataluña natal. En fin, el profesor Sala i Martín es también, a sus 46 años, articulista de La Vanguardia. Precisamente en este medio, hace ahora dos años, publicó un artículo de referencia en la interpretación de las causas del crash que se hizo patente en agosto de 2007. Titulado La tormenta perfecta, como aquel filme de Clooney, la pieza señalaba seis causas de la crisis en curso, algunas de las cuales ha envejecido mal como tal causa. Lo cual no empequeñece al analista, que se atrevió en público a tomar el timón de la interpretación de una realidad históricamente insólita. La tormenta perfecta, fueran cuales fueran con precisión sus causas, no ha amainado; al menos, no ha amainado para España. Tampoco tenemos a George Clooney al mando de nuestro barco. Y es que no se trata de una película: la realidad amenaza con hacer zozobrar la nave y, y a los datos de la semana nos remitimos.

Aunque el equipo de la ministra Salgado siga empeñado en ponerse a los pies de los caballos informando de que su Índice Sintético de Actividad -un bonito futurible en forma de número, un fundido de datos de dudosa significación- ve "brotes verdes" (no disparen al pianista: a mí también me produce empacho la expresión) a corto plazo, siguen pintado bastos. Crecen los enanos. Por mucho que estemos anestesiados ante el optimismo impostado y, también, ante los nubarrones plomizos que no cesan, debemos esforzarnos en ver con claridad a través de las cortinas de humo, los codazos de Cristiano y la inminente programación de fútbol en la tele casi a diario.

La banca, por medio de la Asociación Hipotecaria Española, nos reveló el lunes que las promotoras no pueden pagar su deuda bancaria, 325.000 millones de euros -ojo: una cantidad mayor que todas las hipotecas basura del mundo anglosajón, tenidas por verdadera génesis de la tormenta perfecta-. Dicha falta de liquidez, sumada a lo incierto de las promociones a las que están vinculadas, frena el crédito y afecta a los balances y a la propia calificación de las entidades financieras (no digamos de las cajas, que con sus sintonías políticas han financiado océanos de metros cuadrados municipales por toda la faz de la tierra hispana). Lo que, a su vez, redunda en nuestra calificación como país, en trance de ser rebajada por las agencias de rating, que incluso insinúan que estamos en el camino del default (término utilizado también para indicar que no podremos pagar nuestras obligaciones como país). Fitch, Moody's o S&p's, por mucho que hayan pecado de ineficacia o tancredismo ante la que se venía encima, siguen siendo vitales para poder financiarse como país en tanto que se recuperan los ingresos públicos… lo cual, admitámoslo, no es probable con la nueva oleada de parados de la que supimos el lunes. Menos empleados; menos ingresos por impuestos y seguros sociales; más subsidios que cubrir por parados y dependientes; menor capacidad de acometer obras públicas y tirar del empleo; un coste enorme en salarios públicos y políticos, son, entre otros, factores que no mueven sino a prever una verdadera contracción severa de nuestro nivel de vida. La única medida política para controlar esa caída resulta ser la reducción de salarios, porque sabido es que ya no podemos devaluar nuestra moneda para así vender mejor fuera nuestros productos. Con respecto a la moneda, el euro, la semana también nos ha hecho exclamar el touchè! de los tiradores de esgrima alcanzados por el hierro: de nuevo desde Europa se plantea la salida de España de la Zona Euro, una disparatada broma hace un par de años. Roubini, profesor den la competencia de Sala, la Universidad de Nueva York, dijo sin empacho en Davos el otro día que "España es un riesgo para la Zona Euro".

Repugna y duele la tormenta perfecta Made in Spain, pero no tiene nada de ficción. Nuestras cuadernas crujen.

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