Tribuna Económica

gumersindo / Ruiz

U n proyecto para andalucía

UN nuevo Gobierno, aunque sea continuidad del anterior, es siempre una buena ocasión para ordenar ideas y dar un impulso a los asuntos económicos. Un principio fundamental de actuación sería que Andalucía no se limitara a intentar paliar las consecuencias sociales negativas de algunas políticas centrales, sino que en la comunidad se plantearan iniciativas de progreso.

Becar a estudiantes de bajo aprovechamiento no es una política para mejorar nuestro sistema educativo, que ha de basarse tanto en la exigencia como en la igualdad de oportunidades. Sí lo es fortalecer el conocimiento técnico, o los idiomas, que pueden adquirirse gratuitamente por internet, y requiere voluntad y esfuerzo personal, implicación familiar, e impulso por el sector público. Ayudar a quienes han perdido su vivienda por impago no es una política de vivienda; en Andalucía se requiere planteamientos complejos en relación al suelo, la promoción, la propiedad, y definir la actuación del sector público en la refinanciación hipotecaria. Una política de financiación pública y privada no es sólo poner impuestos, reclamar financiación y subvencionar proyectos privados, sino disponer de herramientas para aglutinar oferta y demanda fuera de los canales tradicionales del crédito. Las políticas sectoriales están muy bien, pero son generalmente de afianzamiento y defensa de enclaves y productos, y no siempre se integran con políticas transversales que suponen formación de nivel, inversión, tecnología, y patentes.

En industria, por ejemplo, la política autonómica necesita practicar un claro activismo hacia las nuevas generaciones de productos, como ocurre en el automóvil, donde la norteamericana Tesla ha dejado atrás a las principales marcas internacionales con sus vehículos eléctricos. De su principal ejecutivo, Elon Musk, se ha dicho que es el Henry Ford de nuestro siglo. Hay tanta tecnología que necesita desarrollo alrededor de los nuevos vehículos, tanta necesidad de gente formada a distintos niveles, que merece la pena orientar una política industrial que compita, no con mano de obra barata, sino con los requisitos de tecnología y conocimiento que requiere esta nueva dimensión del automóvil.

El discurso económico del Gobierno central sobre la recuperación es pobre, pues sólo nos dice que en el mejor de los casos no vamos a estar peor. Tanto da si crecemos al 0,5% o al 0,75%, si el déficit es el 7% o el 5% del producto, si pagamos un 4,5% por la deuda, o algo más, si la recuperación llega en diciembre o en marzo, si el paro se estanca y empieza a bajar en dos años o en tres, si es el 27% o el 25%. No hay una sola cifra que no sea indicador de miseria, si se exceptúan las del turismo y comercio exterior. Sobre ellos, el nuevo Gobierno andaluz debe ponerse como objetivo que los pequeños excedentes de nuestra balanza de pagos supongan inversión en Andalucía; y que del incremento mundial del turismo en un 5%, tengamos una cuota proporcional, no sólo numérica sino en resultados para el sector. Todo es discutible, pero de lo que no hay duda es que, precisamente por la falta de horizontes a nivel nacional, hay un reto para la autonomía andaluza.

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