el periscopio

León / Lasa

Esto no puede llamarse éxito

El hueco entre las cifras optimistas del Gobierno y la realidad de muchas familias explica por qué el PP ha perdido casi la mitad de sus apoyos

ALGUNOS debemos estar mal de la cabeza o no tener las neuronas que alumbran a muchos de nuestros dirigentes, pero lo cierto es que, a pesar de que nos repitan lo contrario una y otra vez, no vemos razones para ese optimismo generalizado del que, a fuerza de reiterarse, nos quieren convencer. Lo escribimos una vez más: ¿qué es lo que esconden las asépticas estadísticas económicas, las declaraciones grandilocuentes con las que nos martillean de un tiempo a esta parte? ¿Quiénes se benefician de ese crecimiento cercano al 3% que se anuncia? ¿Cómo se reparte ese incremento del PIB? No hay que ser un lince (simplemente pararse a pensar más de diez minutos) para entender que de nada sirve crecer exponencialmente, en su caso, si el aumento de riqueza se lo llevan los happy few de siempre. Lo repetiremos cuantas veces sean necesarias: se crea empleo, sí, pero precario, temporal, a tiempo parcial, mal pagado, de nulo valor añadido, que en muchas ocasiones ni siquiera permite a los trabajadores escapar del umbral de la pobreza. Y la proporción de los salarios en el reparto del PIB nacional sigue descendiendo en beneficio de los rendimientos del capital. Saquen las pertinentes consecuencias.

No somos los únicos que piensan de esa manera. Esta semana, nuestra revista de cabecera, en un artículo extenso (Spain's recovery: not doing the job) se hacía eco de la fragilidad y asimetría de nuestra tan cacareada recuperación. Cierto, viene a decir The Economist, que la economía española vuelve a crecer, "pero el hueco que se abre entre las optimistas cifras del Gobierno y la realidad del día a día de muchas familias explica las razones por las que el PP ha perdido casi la mitad de sus apoyos desde las últimas elecciones". Es verdad que algunos de sus gerifaltes -por ejemplo Martínez Pujalte, que me recuerda a Agustín González en La Escopeta Nacional; o Trillo, tan cursi él, que se levantan decenas de miles de euros por asesoramientos verbales en torno a un café- no estarán de acuerdo, y serán de los que piensen que es bueno que la marea suba ya que, tarde o temprano, alcanzará a todos. Pero a unos más que a otros. El artículo refleja también el incremento del número de personas que, incluso trabajando, no consiguen elevarse por encima de ese umbral de pobreza ya señalado y que son, como el ejemplo concreto que transcribe de una familia madrileña, incapaces de pagar la hipoteca o evitar un desahucio. En la misma línea, recomendaría la lectura del Informe Social de la Nación, 2015, de la Asociación de Directores y Gerentes de Servicios Sociales, en el que, entre otras muchas cosas, se señala que un 30% de la población española (casi 14 millones de personas) ha sido condenada a vivir en la pobreza o en la vulnerabilidad permanente. Enfriemos las euforias, y dejemos de lado por el momento el champán y los confetis.

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