NO lo puedo remediar. Siento vergüenza ajena al constatar que un país entero pasa de la euforia expectante a la histeria mágica por culpa de un pulpo. Que levante la mano el que aún no se haya enterado de que Paul, el cefalópodo al que han adjudicado poderes de oráculo en una ciudad alemana, vaticinó ayer que España ganará la final del campeonato mundial de fútbol.

Cada quien es esclavo de sus supersticiones, pero da grima que se fabrique una expectación artificial -para, a continuación, darle respuesta mediante la televisión en directo y los urgentes de los periódicos llamados serios, antes reservados a terremotos y atentados- en torno al augurio de un pulpo que no habla mirando una bola de cristal ni echando las cartas, sino eligiendo qué mejillón se come, si el depositado en una urna con la bandera española o el signado por la bandera holandesa. Paul escogió el primer mejillón, y de esa elección dedujo su cuidador que será España la vencedora de mañana. Como podía haber deducido que la selección marcada por el apetito del de los tentáculos iba a ser la que más goles recibiría...

Más grima producen los líderes nacionales arrastrados por la tontuna patria. Esa ministra de Agricultura y Medio Ambiente asegurando que va a pedir en el próximo Consejo Europeo que se active la veda del pulpo Paul para protegerlo y que siga defendiendo los intereses de España o ese ministro de Industria asegurando que hay que traerse al pulpo a España y declararlo héroe nacional recuerdan el chiste del mariquita regodeándose en la potencialidad táctil del bicho: "Al pulpo, ni tocarlo". Ahí están los llamados a mejorar nuestro campo y nuestra industria proclamando que les vale el pulpo como animal de compañía. También Griñán se ha sentido atraído irremisiblemente por el molusco adivinador, aunque aclaró que el pulpo es irracional y él racional. Menos mal. El futbolista Marchena ha dicho lo único sensato tras ser preguntado por la profecía de Paul: "Bueno, es un pulpo".

Seamos positivos, no obstante: la fama del pulpo Paul ha desbancado por unos días a Belén Esteban como icono de la sociedad desarmada y abúlica, y hay que reconocer que resulta mucho menos tóxico que la princesa del pueblo para la salud moral y cívica del pueblo, valga la paradoja. Pero conviene tener memoria. En su ya larga trayectoria de arúspice hay una gran mancha. Sí, un error lo comete cualquiera. Lo que pasa es que el fallo de Paul ocurrió en la Eurocopa de 2008 y consistió en que predijo la victoria de Alemania sobre España. Ya saben que sucedió lo contrario.

¿Y si ahora es al revés? ¿Y si se equivoca en sentido opuesto y la que gana mañana es Holanda? ¿Y si los de naranja nos dan la del pulpo?

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