La ventana

Luis Carlos Peris

La putada se hizo hermosa realidad

HUBO un día este invierno en que un torero de esos que no se agarraron a lo de más cornás da el hambre para vestirse de luces entró en casa de sus padres para decirles algo. Tengo una noticia que daros; ¿buena o mala? inquirieron los padres. Buenísima, voy a matar la corrida de casa. ¿Saben ustedes qué contestó la madre, una madre coraje que siempre fue a verlo a la plaza? Esa madre, en su sorpresa, le respondió de forma racial: Eres un hijo de puta. Y es que aquello, cuando todavía quedaban meses para la cosa, era una putada en toda regla, sobre todo porque esa madre que prefería ir a la plaza a esperar la llamada del mozoespá estaba en el convencimiento de haber llegado a la otra orilla y que el peligro había pasado para siempre. Pero el drama rompió en novela con final feliz y la putada se convirtió en hermosa realidad así que fue domingo de Feria.

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