La ciudad y los días

Carlos Colón

'Les quartiers, c'est nous'

ESPADAS llama a la rebeldía contra el PP", decía el titular. Y como últimamente la rebeldía de algunos concejales de la llamada coalición de progreso se demuestra rompiendo cristales y volcando mesas, leí ávidamente la información sobre el mitin del pasado sábado para saber si se trataba de una rebeldía sin causa o con causa, pacífica o "convencitiva", blandita y de mentirijillas como la de las niñas del colegio caro del culebrón mexicano Rebelde o pseudorrevolucionaria y pelotillera como la del periódico Juventud Rebelde de ese paraíso cubano de las libertades que los socios de gobierno tanto admiran.

Resultó ser, simplemente, rebeldía electoralista y propagandística, cebada con mentiras y con fecha de caducidad al día siguiente de las elecciones. Efectos especiales digitales mitineros, vaya, que tienen poco que ver con la realidad y menos aún con el cumplimiento de los programas. "No podemos permitir que ni una sola persona que votó socialista en la ciudad en algún momento se quede en su casa y que se imponga la abstención", dijo Espadas. Pues para lograrlo bastaría que votar socialista hoy significara lo mismo que hacerlo cuando significaba apoyar una opción socialdemócrata, europeísta, ilustrada, conservadora de la naturaleza y del patrimonio, correctora de lo peor del presente y diseñadora de un futuro más humanizado por más justo e igualitario, y más libre por mejor educado y más culto. Como ni Perrault, ni los Grimm, ni Andersen serían capaces de decir, por cuentistas que fueran, que estas virtudes públicas forman parte de la oferta del PSOE actual, serán muchos los que antes votaron socialista y ahora se abstendrán o votarán a otros partidos como voto útil, desesperado o de castigo.

Para animar al electorado a esa rebeldía con fecha de caducidad poselectoral el señor Espadas recurrió al ingenioso truco de convertir la oposición actual, no ya en heredera del franquismo, sino de la España negra del XVII: "No podemos permitir -dijo- que el radicalismo inquisitorial de la peor derecha acabe con el progreso que ha experimentado la ciudad. Queremos una Sevilla dinámica, que se rebele contra la crispación". Vaya por Dios. Ya ni franquistas son los pobres del PP, sino inquisidores. Y radicales. Y crispadores. No me imagino a Zoido quemando herejes o participando en piquetes algo más que crispados, como si fuera un concejal del actual Ayuntamiento de progreso.

Quien sí parece vivir en el siglo XVII es el aspirante socialista a la Alcaldía que, remedando a Luis XIV, dijo: "Nosotros somos los barrios", versión populista y mitinera de "el Estado soy yo".

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