La ventana

Luis Carlos Peris

Se queda lo mejor de cada casa

USTEDES me perdonarán por la barrila de pesimismo que encadeno últimamente, pero es que el optimismo es una disciplina que apenas tiene cabida en este tiempo de crisis y mohína, mucha mohína. La otra noche se me rompía el alma viendo cómo en la entrega de premios que da la Maestranza al estudio, hubo algunos brillantísimos estudiantes que no pudieron recoger su diploma porque han tenido que emigrar en busca de las habichuelas. Los más excelentes tampoco eluden la crujía y los que logran driblarla y se quedan andan de mileuristas en lo que salga. Pero esto no es lo peor; lo peor es el sarcasmo que nos llega por vía directa de la telebasura y es que el hijo de Isabel Pantoja, que de niño suspendía hasta el recreo, va rechazando ofertas hasta que no llegan a su caché, que por unos trabajitos impresentables es casi lo que José Tomás le ha pedido a los mexicanos de Aguascalientes.

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