la tribuna económica

Gumersindo / Ruiz /

Sí quedan otros remedios

LA semana pasada impartí mi curso universitario: Cinco años de crisis: cuestiones políticas, económicas y sociales, y durante cinco días hemos analizado y discutido sistemáticamente la situación en que nos encontramos. Aunque no responden al contenido académico del curso, hay cuatro ideas, al menos, que pueden sacarse de él.

La primera es que el argumento de que en España el sector público ha sido excesivo, con frases como "vivir por encima de nuestras posibilidades" y otras similares, se sustenta en evidencia anecdótica, pero no en datos sistemáticos. El gasto público como porcentaje del producto bruto está alrededor del 60% en países como Dinamarca, Francia o Finlandia, del 50% en Gran Bretaña o Alemania, y en España apenas llega al 40%, inferior a la media de una mayoría de países. Parece como si se quisiera ahora redimir al país por sus pecados, en un discurso a la vez solemne y estéril.

La segunda, que las cuentas se desequilibran por la fortísima caída de ingresos fiscales al caer en picado la actividad económica, a causa del macrosector de la construcción, que apenas supone hoy el 20% de hace ocho años. Y por la necesidad de pagar 30.000 millones de euros cada año a cinco millones de parados. Esta situación no debe ser una sorpresa para nadie ya que el déficit no viene del Estado, sino de las comunidades autónomas, que son las que tienen las competencias en sanidad y educación, principales partidas del gasto. En tercer lugar, está claro que el dinero no lo necesitamos para pagar a funcionarios y pensionistas, sino para hacer frente a los 100.000 millones de euros de nueva deuda del Estado español para entrar en el capital de entidades financieras en Valencia, Alicante, Galicia, Madrid, Castilla-León y Cataluña (no en Andalucía).

Un cuarto punto es que no hay un solo analista solvente y con cierta independencia, en el ámbito académico y de los mercados, que no señale la contracción terrible que sufrirá la economía española por la coincidencia del desendeudamiento público y privado. No hay ninguna cifra, ningún cálculo, que nos diga cuánto va a aumentar la recaudación por el incremento impositivo, y su impacto negativo en el crecimiento, el empleo y la deuda. La recesión no es una tormenta o una desgracia natural que cae sin remedio sobre nuestras cabezas; la economía andaluza no tiene que caer un 2% este año, de no ser por el entorno recesivo de la economía española. Y la discusión no puede estar sólo en la contabilidad fiscal o las finanzas caprichosas, sino en acciones que afecten a la agricultura, el comercio y la política exterior, la investigación y su desarrollo, la industria, la construcción, el turismo, con exigencias a la Unión Europea dada la situación de emergencia.

Este curso ha sido muy provechoso porque aparte del esfuerzo para plantear un problema complejo, los 50 alumnos que han participado en el mismo han aportado diversidad e ideas sugerentes, una rara objetividad y, en ocasiones, la adrenalina necesaria para que cobren vida los gráficos, las ecuaciones y las estadísticas. Una descarga que surge tanto de la indignación espontánea, como de la reflexión y el conocimiento.

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