PASA LA VIDA

Que se queden los dos

HASTA hace muy poco era inimaginable que la derecha sevillana eligiera como imagen de campaña electoral al empleado de un supermercado de Su Eminencia; que el líder de esa candidatura adoptara los ademanes y el lenguaje sin tecnicismos de un vecino campechano de cualquier barrio, y que pidiera prestado el voto de los socialistas. De igual modo, hasta hace muy poco resultaba descabellado pensar que el PSOE, con su cúpula sevillana (Viera), andaluza (Chaves) y nacional (Zapatero) enrocada y sabedora que se acaba su control del partido, por la mala gestión de la crisis y de los casos de corrupción, iba a poner en suerte como candidato a un político tecnócrata como Juan Espadas, con la cabeza bien amueblada y muy alejado del estilo populista y despilfarrador de Monteseirín. Sevilla sale ganando con el pulso entre ambos. Por el bien de Sevilla, exijamos que ambos estén en el Ayuntamiento durante el durísimo periodo 2011-2015 que se avizora, sea quien sea alcalde o portavoz de la oposición.

Si se vota pensando en los últimos cuatro años, Zoido ganaría por goleada al ser comparado con Monteseirín el de Mercasevilla, con Fran Fernández el del túnel de Bueno Monreal, etcétera. Pero si se medita sobre los próximos cuatro, los porcentajes se estrechan porque Zoido está demasiado solo en la derecha sevillana cuando cruza la Ronda del Tamarguillo para hablar de igualdad de oportunidades, y Espadas es capaz de explicar que el PP se limita a asumir y mejorar el ordenamiento de la ciudad de Sevilla que es obra socialista.

El futuro político de ambos es incierto, vista la experiencia de ilustres colegas que huyeron de trabajar en la oposición. Si Zoido no es alcalde, y Rajoy vuelve a la Moncloa, es muy probable que le ofrezcan un puesto sonado en Madrid. Si Espadas no retiene para su partido la Alcaldía, aunque fuera bueno su resultado en un ambiente malísimo para votar PSOE, las convulsiones que se van a producir en los diversos liderazgos de su partido, con nuevas luchas intestinas, pudieran reservarle otro destino, o al alza o a la baja. Los dos hacen falta.

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