La esquina

josé / aguilar

Por qué les quitan las becas

EN una importante universidad andaluza 1.400 alumnos han sido obligados a devolver al Estado las becas que les habían sido concedidas para el curso que acaba de terminar. Un consuelo: tras los exámenes de junio el número de estudiantes que se encontraban en esta desagradable tesitura era de 5.000. Quiere ello decir que tres de cada cuatro afectados aprovecharon el verano para cumplir los requisitos exigidos y no verse privados de la beca.

¿Qué requisitos? Aparte de una economía familiar deficitaria -cuyos criterios establece la normativa vigente-, la condición básica es que debían aprobar el 50% de las materias de las que se matricularon. Hubo, pues, 3.600 que fueron capaces de prepararse en dos meses y pico mejor que en los nueve meses del curso ordinario. Señal de que no era tan difícil. Cuestión de hincar los codos, esforzarse y rendir.

Pero la mirada de la demagogia rampante, incluyendo la de algunos magníficos rectores, no se ha dirigido hacia los 3.600 que hicieron sus deberes en verano, ni a los 14.000 que en el conjunto del curso disfrutaron de una beca de Ministerio de Educación, sino a los 1.400 excluidos. El argumento es que el ministro Wert pretende cortar el acceso a los estudios superiores a los alumnos más pobres, que serían los que tienen más dificultades para aprobar las asignaturas.

Habría que ver caso por caso, pero ¿por qué están tan seguros de que la mayoría de los que no pasan el listón son los más pobres y no los más vagos? ¿Por qué consideran que las autoridades ministeriales atentan contra el derecho a la educación cuando exigen a los becados que por lo menos aprueben la mitad de los créditos en los que se matricularon con una nota levemente superior al aprobado? ¿Por qué creen que la sociedad discrimina, margina a los más desfavorecidos si, a cambio de ayudarles en sus estudios, les pide eso mismo, que estudien y no vegeten estabulados en las aulas?

Por lo demás, todo este populismo indoloro forma parte de esa cultura de la gratuidad que se inocula a la juventud a base de inflar los derechos y menospreciar, o incluso evitar, los deberes. Lo cierto es que el país invierte un montón de euros en la enseñanza universitaria y, dado que a ella se incorporan sobre todo las clases medias y altas -que pagan un porcentaje ínfimo de lo que cuesta- ocurre que los pobres subvencionan con sus impuestos a los estudiantes. Por eso hay que demandarles que rindan.

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