Alto y claro

José Antonio Carrizosa

jacarrizosa@grupojoly.com

La realidad que nos espera

Lo fundamental ahora va a ser crear las condiciones para que las empresas se puedan reinventar y seguir funcionando

Se fue abril, el mes en el que Sevilla se ha quedado sin alma al faltarle la Semana Santa y la Feria, que han sido siempre y lo volverán a ser a partir de año que viene una especie de corazón que bombea sangre por las venas de la ciudad para que mantenga su esencia durante el resto del año. Esta vez, como en la canción de Joaquín Sabina, nos han robado el mes de abril de este 2020 bisiesto y malencarado desde el principio que nos está poniendo por delante pruebas que nos va a costar mucho trabajo superar. Dentro de unos años cuando recordemos el mes que acabamos de dejar atrás nos parecerá imposible que se sumaran, de la forma que lo han hecho, una desgracia sólo hasta cierto punto impredecible en forma de pandemia unida a la pasividad de las autoridades en unos primeros momentos que fueron clave para el desarrollo de los contagios y a la falta de eficacia posterior. La mezcla ha sido una auténtica bomba social y económica cuyos efectos todavía no somos capaces de evaluar correctamente.

Pero llega este mayo que acabamos de estrenar y que, si todo va como debe en el frente sanitario, nos va a poner delante de una realidad diferente en Sevilla, pero igual de dura: la de la destrucción de su débil tejido productivo y del aumento del paro. La ciudad ha tenido ya dos avisos serios en este sentido. Los datos del paro registrado de marzo y de la Encuesta de Población Activa del primer trimestre no dejan lugar a dudas sobre el volumen de pérdida de puestos de trabajo. El martes saldrá el paro registrado de abril y todo hace pensar que los datos serán estremecedores. Esa será la realidad que nos espera después del encierro obligado y a la que habrá que enfrentarse en la nueva normalidad, ese mantra creado desde la Moncloa que demuestra que las técnicas de propaganda siguen siendo, a pesar del mundo digitalizado e hiperconectado en el que vivimos, las mismas que ya funcionaban cuando Lenin asaltó el poder en Rusia en 1917.

¿Y cómo se puede afrontar esa nueva normalidad? Desde luego no con buenas palabras y con grandilocuentes pactos con mucha foto y muy poco dentro. Lo fundamental es poner los medios para que las empresas que se han visto afectadas por lo que ha pasado, que han sido todas, pequeñas y grandes, dispongan de instrumentos para reinventarse en la nueva situación y seguir adelante. Eso se llama acceso a financiación y ausencia de trabas administrativas para que puedan desarrollar su actividad. En esto el impulso de la Junta y del Ayuntamiento pueden ser decisivos y tienen que serlo. Porque lo que viene es muy duro.

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