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Alto y claro

José Antonio Carrizosa

jacarrizosa@grupojoly.com

El relato

Sánchez es maestro en poner la construcción de un relato por delante de la gestión y le han salido imitadores

Pedro Sánchez ha demostrado que es mucho mejor constructor de relatos que gestor. Aplica a rajatabla la regla, dicen que de Iván Redondo, de que lo importante es lo que se cuenta y cómo se cuenta y no tanto lo que se hace ni cómo se hace. Lo volvió a demostrar el otro día al hacerse rodear por lo más granado del poder financiero y empresarial español en el inicio del que va a ser su curso político más difícil, en el que va a tener que lidiar con una crisis sanitaria, económica y social sin precedentes y en la que hemos acumulado en los últimos meses todas las papeletas para que nos vaya peor que mal. Le salió la jugada a Sánchez. A la invitación del presidente no faltó ninguno de los grandes del Íbex y ello le permitió reforzar el mantra que le va a servir de muleta en la complicada negociación del Presupuesto: hay que estar con él porque si no él tendrá que estar con los que no quieren ni Constitución, ni Corona ni Estado. Y segundo mensaje implícito: Podemos es un problema, pero la aritmética parlamentaria es la que es y sólo Pedro Sánchez tiene los instrumentos para meter en cintura a un Pablo Iglesias, que se plegará a lo que venga por la cuenta que le tiene.

Una vez más, sin nada sólido que poner encima de la mesa, el inquilino de la Moncloa es capaz de hacer la construcción del relato que le permitirá tirar para adelante camino del fin de la legislatura, objetivo prioritario y al que se supeditan todas las estrategias. Y a esperar que en ese tiempo la pandemia amaine, la economía empiece a mirar hacia arriba y que el dinero a espuertas de la Unión Europea haga el resto.

Sánchez ha demostrado que es un maestro en lo suyo y, lógicamente, le han salido imitadores. No tenemos que ir muy lejos: Juanma Moreno también se ha aplicado a la escuela de que un buen relato deja en segundo plano una gestión claramente mejorable. El que ha sido hasta ahora del eje de su mensaje: la estabilidad política se le está empezando a resquebrajar. Ciudadanos se le ha convertido en un problema, como se ha demostrado con la caótica actuación de Juan Marín en la supuesta reestructuración del Gobierno y, por si fuera poco, Vox empieza a tener tal follón interno que muchas veces no sabe si está a favor o en contra.

Son dos casos diferentes en muchos aspectos, pero con un denominador común: es más importante estar que hacer.

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