Crónica personal

Pilar / cernuda /

l a retirada de un Papa

NO ha podido hacerlo con mayor dignidad, con más delicadeza y respeto. Benedicto XVI renunció al papado cuando se sintió sin fuerzas para seguir adelante con sus responsabilidades como más importante pastor de la iglesia católica, no ha entrado en el debate sobre las causas de se renuncia y por tanto no ha dado pie a las especulaciones sobre las tensiones e incluso escándalos que se han vivido en la Curia.

Se ha encerrado a Castel Gandolfo durante unas semanas hasta que el acondicionamiento de su nueva residencia le permita iniciar el encierro espiritual por el que ha optado voluntariamente. Clausura que romperá exclusivamente para pasear por los jardines privados del Vaticano, y para compartir su vida de meditación con su fiel secretario, que ha decidido acompañarle en esta etapa. Se cree que sólo tendrá acceso a la que será su residencia definitiva, el monasterio Mater Ecclesiae, su hermano mayor, Georg Ratzinger, que mantiene una relación muy estrecha con el ya Papa emérito y que previsiblemente será compañero habitual en ese monasterio en el que Benedicto XVI permanecerá hasta el final de sus días.

Tras la conmoción que produjo su renuncia, inmediatamente surgió la preocupación por cómo se produciría la coexistencia del nuevo Papa con su antecesor, pero Benedicto XVI demostró una vez más su generosidad y su humildad: se retiraría del mundo, dedicado a la oración y a sus tres pasiones, la música, la lectura y la escritura. Y en estas semanas ha aceptado todas las sugerencias que se le han hecho respecto a cómo abordar su nueva situación, desde la conservación del nombre hasta la pérdida del sello pontificio, su lugar de residencia, o cómo debería ser su vestimenta en su nueva situación.

En su último encuentro con los cardenales, Benedicto XVI expresó su obediencia "incondicional" a quien sea elegido en el Cónclave que se iniciará dentro de unos días y pidió a la Curia que trabaje como "una orquesta armónica". Su faceta musical la evidenció una vez más en esas palabras, con las que también confesaba, implícitamente, su preocupación por una curia que, ahora se sabe, le ha dado no pocos disgustos en sus años de papado. Un problema, el de la prepotencia de algunos de los cardenales de la curia, que el sucesor de Benedicto XVI tendrá que abordar desde el primer momento. Sólo así encontrará la paz que no tuvo el Papa alemán que renunció al no encontrarse con fuerzas para continuar su misión.

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