La aldaba

Carlos Navarro Antolín

cnavarro@diariodesevilla.es

El reto del pequeño comercio

El pequeño comercio también debe asumir el reto del esmero, como el sector del taxi

No hace mucho tiempo, cuando alguien no era bien atendido en un pequeño comercio, de los tradicionales de toda la vida, se solía oír un lamento recurrente: "Luego que no se quejen si compramos en El Corte Inglés". En los grandes almacenes, como en los Paradores, el trato solía ser exquisito y la devolución de un artículo no era un motivo de discusión. La frase que comenzó a demoler los negocios de menor tamaño sigue siendo muy recordada: "Si no está satisfecho le devolvemos su dinero". Por el contrario, había mucho dependiente malaje de tienda pequeña que, inconsciente de lo que suponía no cultivar la clientela, replicaba cualquier queja de modo arisco: "¡Esto no es El Corte Inglés!". En poco tiempo, el comercio del centro comenzó a regirse en función de los grandes almacenes, que dejaron de verse en parte como una amenaza y comenzaron a ser la referencia para aprovechar los flujos de clientes. El comercio digital ha puesto ahora todo en jaque: al grande y a los pequeños. El propio Corte Inglés se concentra en sus sedes principales, lo hemos comprobado con el cierre del centro del antiguo Lubre, y sólo quedan 136 negocios tradicionales en este sector del casco antiguo. No es que haya que entonar el nostálgico y recurrente "Sevilla se nos va", sino que ya tenemos cifras rigurosas que demuestran que la ciudad pierde el alma, se vulgariza y cada vez conserva menos señas de identidad. El profesor universitario Jaime Jover, en la completa información firmada el pasado domingo por Diego J. Geniz, propone planes especiales de protección para estos negocios que son parte del sello de la ciudad. Juan Espadas, que nos consta que conoce bien el problema, está tardando en presentar un plan director ambicioso a este respecto. Mientras tanto el pequeño comercio debe asumir también el reto del esmero, como le ocurre al sector del taxi: tratar mejor y de forma personalizada al cliente. Con amabilidad, sin acritud, sin compadreos. A veces pareciera que el cliente es el enemigo y dan ganas de ir a los grandes almacenes donde, por cierto, activaron recientemente una encuesta para evaluar el trato recibido por el dependiente, prueba de la importancia que dan los directivos al trato que se dispensa al comprador como forma de fidelización. En esos 136 establecimientos los hay donde se trata con cierto desdén al cliente. El otro día lo comprobamos en persona. Una lástima. Hay pymes que se dan el tiro en el pie y no hay que esperar al rejón de muerte de internet.

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