La aldaba

Carlos Navarro Antolín

cnavarro@diariodesevilla.es

Aquellos reyes magos de veraneo... en Sevilla

Nadie ha celebrado los diez años del anuncio pionero en captar turistas en julio y agosto en una ciudad con fortísimo calor

Aquellos reyes magos de veraneo... en Sevilla

Aquellos reyes magos de veraneo... en Sevilla / M. G. (Sevilla)

El verano en Sevilla es magnífico. Pasarlo fuera está sobrevalorado. Hay que admitir que fueron el alcalde Zoido y su delegado de Turismo, Gregorio Serrano, los pioneros en promocionar la capital de Andalucía como destino turístico del mes de agosto. Ahora creo que tuvieron demasiado éxito. Los agostos ya no son como antes. Ahora hay una masa de turistas a diario por todas partes. Todo comenzó a ocurrir desde entonces con aquel anuncio publicitario en que los reyes magos sesteaban en la Plaza del Triunfo con la Catedral de fondo y un solazo en todo lo alto. O junto al mismo Guadalquivir sentados en un velador.

Antes te topabas con unos viajeros de piel achicharrada, con sandalias con calcetines y la botella de agua agarrada, con la cara más fatigada que un ciclista en un puerto de alta montaña, y pensabas: “¿En qué momento les tomaron el pelo en su ciudad de origen para venderles un viaje a una ciudad con cuarenta grados?”. Ahora el extraño eres tú, cuando te ven recorrer la calle Mateos Gago y casi te hacen fotos desde los veladores que taponan la casa de las conchas. “Oh, un sevillano con pantalón largo”.

Nadie ha celebrado como se merece que se ha cumplido una década de éxito incontestable de la venta de Sevilla como destino también preferente en julio y agosto, más allá de las fiestas mayores y el siempre hermoso otoño. Anteriormente se habían puesto en práctica diferentes fórmulas, como la de los hoteles que te dejaban dormir la siesta si reservabas mesa en sus restaurantes. Y, por supuesto, una importante bajada de precios para competir contra los destinos de playa. Hasta el hotel Alfonso XIII te dejaba bañarte en su piscina con solo pedir el menú en el bar de la piscina. ¡Con algo había que hacer caja! Pero nada. Hasta el anuncio de los reyes y las líneas aéreas de bajo coste, esto era un páramo turístico en agosto, con pocos visitantes a los que habían tomado el pelo y que tardaban poco en coger la carretera hacia Sanlúcar de Barrameda o la Costa del Sol. Nuestro turismo ya no es estacional, que diría el experto. Dura todo el año.

Lo malo es que nos han robado esa maravilla del agosto hispalense casi en soledad, con esas calles despobladas en un continuo domingo por la tarde, con esos dos o tres bares de guardia sin bullas. Ahora todo abre todo el tiempo aunque las cocinas sigan cerrando tan temprano. La última la oímos el otro día en un negocio de alta afluencia turística: “Les aviso que el compañero de la cocina se va entre diez y media y once menos veinte”. Y te pones a cenar con más ansiedad que si fuera comida robada.

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