Crónica Personal

Pilar / cernuda

El robo

AL otro lado del teléfono, un ministro explica que se encuentra de viaje en Cataluña. Va a dar el visto bueno definitivo a un proyecto de esa región… pagado por el Estado, por el Gobierno español. No es difícil deducir cómo se presentará el proyecto: para mayor honor y gloria de Artur Mas, ese dirigente político al que se le llena la boca lanzando frases victimistas y que ha logrado que, de tanto repetirlo, haya calado el mensaje de "España nos roba" con el que trata de justificar los deseos independentistas de un amplio sector de catalanes.

Un sector al que Mas alienta y financia desde el Palau de la Generalitat, entre otras razones porque debe contentar a una ERC de la que depende la estabilidad de su Gobierno; un Artur Mas que no encuentra la manera de aportar fondos con los que atender las urgencias sanitarias y educativas de los catalanes, pero sí pone sobre la mesa los euros necesarios con los que costear los actos independentistas de la Diada que se celebra dentro de unos días, y que sigue empeñado en fijar la consulta con la que pretende subir uno o varios escalones hacia la independencia.

Con Cataluña sufrimos las consecuencias de los muchos dislates promovidos por el Gobierno de Zapatero, aunque los socialistas llevan a cuestas su pecado de irresponsabilidad porque precisamente esos dislates han provocado la pérdida brutal de votos en Cataluña, la pérdida por tanto del Gobierno regional, y la crisis interna de un PSC que atraviesa el momento más crítico de su historia. Pero el independentismo recibió un importante empujón en las legislaturas de Zapatero, con aquel Estatut apoyado por Moncloa en el que ahora encuentran fuerza los antiespañolistas.

Rajoy intenta compadrear con Mas, y sus ministros cumplen instrucciones muy estrictas en ese sentido para no envenenar aún más el escenario y para impedir que el presidente de la Generalitat pueda presentar lista de agravios con los que abundar en el irritante latiguillo del robo, del que ha sacado tajada aunque en los años que lleva al frente del Gobierno no ha dudado en aceptar de buen grado que desde el Gobierno español, se financiaran sus más importantes proyectos.

En algún momento tendrá que parar el disparate independentista. De la confrontación nunca sale nada bueno y en principio la estrategia de Rajoy es inteligente, no quiere dar argumentos de presuntos agravios a los secesionistas. Pero algún día tendrá que marcar las líneas rojas que no deben ser traspasadas bajo ningún concepto.

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