Su propio afán

La rosa como cetro

Nadia Calviño es de familia republicana y por eso se agarra a la rosa como si fuera un cetro hereditario

Hay dos tópicos contemporáneos que sacan al Léon Bloy que hay en mí. El escritor francés escribió contra los lugares comunes de su tiempo, uno tras otro. El primero de ahora es el de los famosos que aseguran que ellos "no se arrepienten de nada", como si eso fuese posible, piénsenlo. Le dediqué un artículo, del que me arrepiento, porque no resultó nada convincente. Lo siguen diciendo lo mismo o más por esas televisiones del mundo, tan satisfechos. El otro es el de los comunistas y socialistas que ponen cara de embeleso revolucionario para afirmar que son marxistas o derivados, incluso anarquistas, por tradición familiar.

La última entrega ha sido de Nadia Calviño, que ha afirmado "el partido ha estado conmigo desde que tengo memoria. Vengo de una familia republicana y es la que me transmitió los valores socialdemócratas, que son los que me han guiado toda la vida". O sea, traduciéndolo: "Soy de familia republicana y por eso agarro la rosa como si fuera un cetro hereditario". ¿Dónde queda el supuesto racionalismo materialista en la opción ideológica de nuestra ministra de Economía?

Nótese incluso el sesgo religioso de su oración: "El partido… desde que tengo memoria… me ha guiado toda la vida". Este sesgo lo detectó ayer Sánchez-Moliní como la clave del congreso del PSOE: "A su lado poco importan la matria, el proletariado, la democracia o la salvación del planeta… el Partido es lo principal, el dios sin cabeza y mil extremidades al que se lo deben todo: dinero, posición, confianza, influencias. El tótem que nunca puede ser traicionado".

Como más claro no se puede decir, me limitaré a subrayar ese curioso aspecto tradicionalista y hereditario. Lejos de mí tirar con furia la primera piedra, porque tampoco están libres de pecado de incoherencia los reaccionarios que trabajan para la banca internacional o los liberales funcionarios o los conservadores, ay, que estamos pensando cambiar nuestro coche, que todavía va perfectamente, por el pequeño detalle hedonista de que se le ha ido el aire acondicionado y no dispone de navegador. Y encima usamos la cobertura moral contradictoria (¡en un conservador!) de que tiene 22 años.

Todos arrastramos nuestras incoherencias, pues. La del socialismo hereditario tiene en contra la perpetuación de una ideología equivocada y dañina. Tiene a favor una implícita defensa de la familia, la herencia y la transmisión, que pueden con todo.

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