Crónica personal

Pilar / cernuda /

La salvadora

NO descarta viajar a Panamá en estos días y tiene previsto un viaje a Arabia Saudí. Ana Pastor ha pasado las vacaciones colgada al teléfono, por la paralización de las obras del Canal del Panamá. Una paralización que provoca un enorme perjuicio a la imagen de las empresas españolas y de la propia España, independientemente del roto que hace a Sacyr; pero la ministra de Fomento no es de las que tiran la toalla y no para de hablar con el embajador español y con el ministro panameño del Canal para ver si arregla el entuerto. Como pretende arreglar también lo del AVE Medina-La Meca, un proyecto con el que se tiraron cohetes por la magnitud de la inversión y la envergadura de la obra, en la que participan varias empresas españolas, y en la que han surgido problemas que ponen en riesgo la culminación de esa vía rápida por ferrocarril que uniría las principales ciudades religiosas del mundo musulmán además de Jerusalén.

Es curioso que ante el anuncio de la paralización de la obra del Canal de Panamá que Pastor está empeñada en mantener -y va a depender de sus gestiones salvadoras- otras empresas españolas que en tiempos licitaron para llevarse el proyecto hayan reaccionado con una especie de "ya lo decíamos nosotros, aquel precio a la baja era de imposible cumplimiento", antes de escuchar a quien dice que ha firmado un contrato con un gobierno extranjero que ese gobierno extranjero, el panameño en este caso, no acaba de cumplir, según Sacyr. Aunque es evidente que habrá que escuchar también al Gobierno panameño antes de dar la razón al consorcio del que es mayoritaria la empresa española, no vaya a ser que Panamá haya cumplido su compromiso y sea el consorcio el que ha incurrido en falta. Pero es irritante la escasa confianza que se deposita en las empresas españolas en dificultades. En otros países, desde el primero hasta el último ciudadano, y desde el primero hasta el último de los medios de comunicación, defienden lo suyo con uñas y dientes. Y después, pero sólo después, escuchan a la otra parte.

Así se defiende mal la llamada Marca España, que si recibe menos apoyo institucional del que debería -excepto el apoyo de las palabras, de las grandes declaraciones-, tampoco está sobrada de afecto ciudadano. Otros países matan por defender lo suyo, sus marcas, sus empresas, sus proyectos, su cultura, sus señas de identidad y sus símbolos. Aquí, sin embargo, da la sensación de que la única que pelea en el sector de los grandes proyectos de construcción y va a por todas, es Ana Pastor. Los demás, a hacer leña del árbol que puede haber caído.

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