Desde mi córner

Luis Carlos Peris

No cabe otra que seguir apretando

Lo ha dicho Pepe Mel y, como toda obviedad, es cierto; que, a pesar de su gran arranque, el Betis no se distanció

ACUDE el Betis a un rodeo donde el pasado curso se dejó muchas opciones de cumplir sus objetivos. Va al Nuevo Insular, lugar donde, sobre la última campana pecó en una desaplicación funesta en el corazón del área propia para que el hoy malaguista Rondón fusilase a Goitia. Aquel gol disfrazado de jarro de agua helada sobre el espinazo del Betis provocaría que Salamanca fuese una cita imprescindible para que las cosas derivasen a como deberían ser siempre. Pero todo aquello es historia, agua que no mueve molino alguno, nada que ver con esto de esta tarde, una hora menos en las Islas Afortunadas.

Ahora anda el Betis con un talante superior, más bloque que entonces, bastante más cohesionado, que hay que ver cómo le ha cogido Pepe Mel el tranquillo a la situación. Quisiera no referirme nunca jamás a la situación que vive la entidad, pero eso sería darle la espalda a una realidad imposible de obviar. Cada día, un inconveniente, que si una frase de Oliver, que si esa Ley Concursal en la que tan bien nada el navarro, que si un intento de regate más a las decisiones de su señoría, y en éstas que cae Salva Sevilla, el futbolista que más coherencia le da al juego del Betis. En fin, que a falta de Salva se recupera Beñat y da el O.K. Emana, no hay mal que por bien no venga.

Enfrente, un rival ilusionado, que Las Palmas nada tiene que ver con el del pasado curso. Entonces luchaba con el cuchillo en la boca por no perder la categoría y ahora sabe que si gana hoy agarra al Betis en la tabla. Dice Mel lo que tantos y tantos entrenadores, que no caben confianzas y que si no se corre cualquiera puede ganarle al Betis. Son verdades como puños y obviedades como catedrales, como también es obvio contemplar que tras un arranque tan fuerte como el del Betis, resulta que el Betis no se distanció como debería haber sucedido. Paralelamente al temporal que sufre puertas adentro, ventanas afuera hay que confiar en Mel y su tropa, ¿verdad que sí?

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