¡Oh, Fabio!

Luis Sánchez-Moliní

lmolini@grupojoly.com

Una 'sevillanada'

La de Foster es la segunda ampliación del Museo de Bilbao, mientras que el de Sevilla sigue constreñido

Jon Juaristi ha escrito que la boina que ha diseñado Foster para el Museo de Bellas Artes de Bilbao es, valga la redundancia, una bilbainada. Puede que en esta afirmación se mezclen de forma interesada el halago y el zurriagazo, pues el intelectual vasco (o ex vasco, que uno ya no sabe) tiene con su ciudad natal una conocida relación de amor-odio, que es la única que pueden mantener las personas inteligentes con los topónimos del alma. A nosotros, desde luego, nos gustaría que los sevillanos hicieran de vez en cuando alguna sevillanada que vaya más allá de organizar un Santo Entierro Magno. Quizá no tanto como colocarle al Museo de Bellas Artes un sombrero de ala ancha diseñado por un arquitecto internacional de relumbrón (esos siempre nos salen ranas), pero sí al menos un proyecto de ampliación para solucionar de una vez por todas los graves problemas de espacio que nuestra pinacoteca tiene.

Recientemente, se generó una polémica de baja intensidad por la utilización del Museo para una fiesta de una revista de cotilleo. No insistiremos en el asunto, pues otros compañeros ya se encargaron de dar las oportunas collejas a los responsables políticos del desaguisado. Ahí quedó. Sin embargo, sí nos gustaría remarcar la débil relación que mantiene la sociedad sevillana con su principal museo. En general, vemos a la pinacoteca del antiguo Convento de la Merced como una responsabilidad exclusiva de las administraciones, como una institución en la que la ciudad -sus "fuerzas vivas", se decía antes- tiene poco o nada que decir o hacer. Comparen si no la encanijada Asociación de Amigos del Bellas Artes -cuyos heroicos miembros hacen lo que pueden- con el relumbrón y poderío de la del Prado. Evidentemente estamos hablando de magnitudes distintas: Sevilla no es Madrid, pero sí podría parecerse a Bilbao, una ciudad con un Museo y un Metro ejemplares. Al fin y al cabo, en contra de lo que parece, los vascos y los andaluces tenemos mucho en común. Eso lo entendieron bien los socialistas de las dos regiones durante el tardofranquismo y la Transición, cuya alianza fue decisiva en el asalto y consolidación de Felipe González en el poder. La Boina de Foster, esa bilbainada de la que nos habla Juaristi, es la segunda ampliación del bonito museo norteño desde que tenemos uso de razón (ha habido otras anteriores). Sin embargo el de Sevilla sigue ahí, constreñido, con sus zurbaranes compartiendo el protagonismo con el sportmanÁlvaro de Marichalar y el cachondo de Boris. Ya es hora de que los sevillanos cambiemos el panamá por la chapela (de la casa Elosegui, por supuesto) y hagamos una sevillanada con el Bellas Artes, aunque sólo sea para sacar pecho por ahí y vacilarle a los forasteros.

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