Tiempos modernos

Bernardo Díaz Nosty

Si no sigue Zapatero

INCLUSO con el rival vencido, Rajoy no remonta en las encuestas. Es una anomalía democrática que ni el cabeza de Gobierno ni el de la oposición alcancen el rango de líderes. Porque no es posible atribuir liderazgo a quienes no logran ante la opinión pública su acreditación. En buena lid, aquellos que juegan con las encuestas para mover silla [Zapatero debe irse] o precipitar los tiempos políticos [elecciones anticipadas], deberían ofrecer candidatos que pasen el corte de la aceptación ciudadana. Si Zapatero suspende en las encuestas donde la oposición se ve ganadora, Rajoy aún queda en ellas ligeramente peor, con lo que la desconfianza en el primero, explotada por el segundo, es perfectamente aplicable a éste.

En el reino de los ciegos, Rubalcaba es el rey, lo que no significa que no lo fuese en el de los tuertos. Aprueba ante la opinión pública, pese a formar parte de un Gobierno en ruina, lo que hace pensar que el déficit de confianza en los líderes estaría primando sobre el quehacer conocido de quien gobierna y las propuestas inéditas de la oposición. O Rajoy se arma de programa y explica cómo va a levantar la economía de manera distinta a la derecha europea -lo hace Zapatero, con el aplauso de ésta, y no le gusta- o, en el cara a cara, Rubalcaba puede ganar…

"Con Zapatero -es la cuenta popular-, sacamos diez o doce puntos de ventaja; con Rubalcaba, sacamos la mitad". Cuanto más dure la incógnita del cabeza de lista, menor será la capacidad de recuperación. El éxito de Rubalcaba en las encuestas en un síntoma del rescate posible de quienes han unido la desconfianza en Zapatero a las siglas de su partido. La imagen pública del presidente del Gobierno no va a mejorar, porque su tarea entusiasta de reforma está en la base del rechazo entre los suyos, y el electorado conservador no le va a premiar los servicios prestados. Rajoy esperará que la fruta madura caiga del árbol sin descubrir sus artes de poda. Si Rubalcaba encabeza el cartel, se alteran las variables. La cuestión es cuándo entrar en escena. Parece que al día siguiente de conocerse la derrota socialista en las elecciones de mayo.

Nada garantiza que el cambio en la cabeza se traduzca en una inversión de las tendencias, pero, llegado el desplome socialista, Rubalcaba está en mejor disposición de emprender la regeneración de su partido, asaltado por los califatos locales y las conjuras de necios. Rescatar la dimensión ética de la política, cuestión no resuelta en el conjunto del sistema, y recuperar para la acción política el compromiso cívico y el sentido de Estado. Trabajar la oposición construyendo alternativa, esto es, haciendo lo que ahora se echa en falta.

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