En abierto

Francisco José Ortega

Todo sigue igual en Jabugo

LOS rescoldos del 15J perdurarán, sin duda, en las mentes de muchos sevillanos que quieren bien al Real Betis, pero el tiempo ha pasado y ya está aquí otra vez el fútbol de verdad, la Liga, sin que nada haya variado. La vida sigue absolutamente igual en Jabugo, y, evidentemente, ésta no es una referencia a la localidad onubense famosa por la calidad de su cabaña porcina. El inmovilista es Manuel Ruiz de Lopera, el dueño del paquete mayoritario de acciones de la entidad verdiblanca.

Dentro de los cursos de Loperología estudiados a lo largo de los últimos dieciocho años, se establecen una serie de materias acerca de la mente del dueño, eso piensa él al menos, del Betis. Es complicado, a veces, saber qué pasará por esa cabeza, pero en otras es tan sencillo como analizar los métodos desarrollados en los ejercicios anteriores. Sus formas de actuar, salvo sorpresa mayúscula, son harto repetitivas. Por eso no era difícil imaginar que Lopera se pasaría la manifestación por el forro; que seguramente le dolería ver a tantas de sus criaturas en la calle clamando contra él, sobre todo a algunas que lo habían adulado con anterioridad hasta la extenuación, pero que seguiría actuando de la misma manera que lo hacía antes.

Y así ha sido. Primero, fichó a algunos futbolistas, aunque no lo hubiera hecho oficiales, antes de contratar a un entrenador con el perfil de serio. Como lo fueron Griguol, Irureta, Cúper o el mismísimo Chaparro, que no eran precisamente contadores de chistes en sus ratos libres. Incluso Serra o Juande, para que nadie pueda objetar que se manda al limbo del olvido a los dos grandes triunfadores. Después pone a trabajar a ese técnico que parece ser el único capaz de enderezar la situación y cuando el plazo de los fichajes se acerca a su fin trata de colarle a éste todo lo que puede y más. El pretexto para aceptar será, una vez más, que más vale éste que ninguno, pero está claro que la planificación volverá a ser nula. A partir de ahí, como siempre decía el maestro, si sale con barba San Antón y si no, pues la Purísima Concepción.

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