LOS sindicatos mayoritarios, muy mayoritarios, se movilizan contra la crisis. El 3 de diciembre se celebrará una manifestación en Málaga y el 10 otra en Sevilla (dos jueves, días más propicios para los liberados sindicales que para los trabajadores de base). Dos días después, el sábado 12, habrá una gran manifestación nacional en Madrid. Ya se echaba de menos una respuesta contundente del sindicalismo ante la crisis.

Contundente, según se mire. CCOO y UGT están ultimando su acuerdo de concertación social con la patronal andaluza y la Junta, pero de momento creen prioritario protestar contra la patronal por su negativa a aplicar algunos convenios colectivos pactados y a negociar otros que siguen pendientes. A la Junta la siguen salvando de su presión. Coincide, desde luego, con la estrategia nacional. Sus jefes, Toxo y Méndez, no dirigen sus críticas preferentemente al Gobierno, sino a la CEOE, incluso de modo preventivo: contra la reforma del mercado laboral que los empresarios proponen, y que el Gobierno también rechaza.

Es un fenómeno insólito en el mundo occidental el modo en que las grandes centrales sindicales españolas se las apañan para exculpar a los gobernantes de toda responsabilidad en la crisis económica que soportan los ciudadanos, y en primerísimo lugar los trabajadores que han dejado de serlo por centenares de miles. Que alguna tendrán, digo yo. Vale que la crisis es mundial, aunque los países de nuestro entorno empiezan a vislumbrar la salida y nosotros no. Pero han sido tan constantes y descomunales los errores de diagnóstico y tratamiento cometidos por el Gobierno que no se comprende cómo los sindicatos no se rebelan.

Vale, también, que los gobiernos no crean empleo. Pero a Aznar le montaron una huelga general con el argumento de que quería restringir los derechos de los trabajadores con su reforma laboral, y las cúpulas sindicales miran para otro lado cuando con Zapatero hay cuatro millones de trabajadores sin empleo. ¿O es que el derecho a trabajar no es el primer derecho social, que ha de garantizarse por encima de cualquier otro? Es tan grande la contradicción en que se mueven que no queda otro remedio que pensar que los sindicatos están mucho más preocupados por las condiciones de trabajo de los que lo tienen que por la suerte de los que lo han perdido. Por eso y por mantener su condición de pilares esenciales del sistema establecido.

El día 3 en Málaga y el día 10 en Sevilla, cuando los sindicalistas salgan a la calle, habrá pancartas y gritos contra los empresarios codiciosos y explotadores. Faltarán gritos y pancartas que pongan también en cuestión al Gobierno por su ineptitud ante la crisis.

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