Alto y claro

José Antonio Carrizosa

jacarrizosa@grupojoly.com

Para qué sirven los gestos

La crisis pone en marcha al Ayuntamiento de Sevilla mientras el Parlamento la aprovecha para sus peleas

En tiempos tan duros como éstos los gestos adquieren una significación especial. Hablan de la importancia que se les da a las circunstancias que vivimos y de cuál es la jerarquía de valores con la que nos movemos en la vida. Hace poco más de una semana, todos los partidos representados en el Ayuntamiento de Sevilla, excepto Vox -faltaría más-, firmaron un acuerdo con el que proponían las bases para la recuperación de una ciudad castigada en el meollo de su estructura económica y de su capacidad de generar empleo. Tampoco nada para echar al vuelo las campanas de la Giralda, no vayan a creer: la movilización de algo más de veinte millones de euros del presupuesto municipal en medidas sociales de urgencia y un catálogo de buenas intenciones. Y la firme voluntad de continuar con planes específicos de ayuda a los sectores, como la hostelería o el turismo, que más lo van a necesitar.

Más o menos por la misma fecha el Parlamento de Andalucía intentaba poner en marcha una comisión con el pomposo objetivo de "reconstruir" la región, en la que, que se sepa, las carreteras, los puentes y los aeropuertos siguen estando igual de bien o mal que antes de que llegara el virus maldito. Pues bien, aunque no era previsible que sirviera para gran cosa, la comisión en cuestión nació muerta porque desde el minuto uno fue utilizada por los partidos para arrearse mandobles y contribuir así al clima de crispación que está colocando la política en esta crisis a un nivel que a ver cómo es capaz de superar. Los dos socios del Gobierno, PP y Ciudadanos, mirando más a Madrid que a Andalucía, le dieron la presidencia a Vox, que había rechazado la mera convocatoria de la comisión. Y el PSOE, que acababa de pactar en el Congreso con Bildu, se ofendió tanto que la abandonó.

Ahí está la importancia de los gestos. Un Ayuntamiento, en este caso Sevilla, pero también ha pasado con el acuerdo presupuestario de Granada, siente que tiene que dar un paso porque el problema, traducido en paro y en colas ante los comedores sociales, lo tiene en sus propias puertas. No se puede permitir el lujo de mirar para otro lado. Un Parlamento autonómico, en este caso el de Andalucía, pero seguro que no es el único, pone por delante las estrategias de partidos, los cálculos electorales o el desgaste del rival. El día a día de esta legislatura, de la anterior y seguro que de la próxima. Total, se dirán, qué pueden hacer ellos para evitar las colas de recogida de comida de caridad.

Y de eso se trata. Mientras que está claro para qué sirve un Ayuntamiento, mejor o peor gestionado, parece pertinente reflexionar en momentos tan difíciles como los actuales sobre la utilidad social de la gigantesca sede del Hospital de las Cinco Llagas. No es un asunto menor.

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