La ventana

Luis Carlos Peris

lcperis@diariodesevilla.es

Qué solos nos vamos quedando

Con la vertiginosa caída de tacos de almanaque se va uno quedando sin amigos a la velocidad de la luz. O quizá sea más exacto decir que se van los coetáneos, ya que la nómina de amigos se resiste como puede. El miércoles se me fue uno de ellos, uno de los mejores y que a su calidad humana unía la efectividad de médico, de traumatólogo que estaba presto al quite ante cualquier inoportunidad en el aparato locomotor. Se me fue un samaritano que recomponía el apartado imparable de goteras provenientes del inexorable paso del tiempo. Manolo Ruiz del Portal deja en este valle un sentimiento de orfandad, de ausencia irremplazable por su excelencia como galeno y, sobre todo, como amigo de esos que te alegran la vida sólo con encontrártelo de forma inesperada y con Helena, su mujer, formaba una simbiosis de las que daba gusto convivir. Descansa en paz, amigo.

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