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La colmena

Magdalena Trillo

mtrillo@grupojoly.com

¿Qué sueldo quieres?

La pregunta tiene trampa: ¿cuánto 'merece' ganar? ¿Cuánto 'cree' que puede ganar? ¿Se bajaría el sueldo?

Alemania abrió el debate en enero: el Gobierno de Merkel aprobó un proyecto de ley para obligar a las grandes empresas a dar a conocer el salario de sus trabajadores. El objetivo era evitar la brecha salarial entre hombres y mujeres: de hasta un 21% si tenemos en cuenta el impacto del techo de cristal y las reducciones de jornadas y de un 7% eliminando estos condicionantes. El mandato constitucional de la equiparación salarial no se cumple. Ni en el país germano ni por supuesto en España y ni siquiera en los modélicos estados nórdicos que siguen encabezando todos los rankings mundiales de bienestar.

Pero la realidad es que tampoco se cumple si prescindimos del factor de género. El debate es más profundo: porque hablar del sueldo sigue siendo un tabú y porque continúa funcionando como un instrumento de poder en las empresas. Por lo que tiene de premio y de castigo en un ambiente laboral de creciente competitividad y por la vinculación que debería tener respecto a la productividad real de la compañía.

En marzo se ha dado un paso más. Serán los trabajadores los que podrán recabar información sobre lo que cobran sus colegas por hacer las mismas tareas. El Bundestag pretende imponer la igualdad salarial por ley y ya hay empresas que han tomado la avanzadilla: en Einhorn, una start-up ubicada en Berlín que se dedica a vender condones veganos, sus diez empleados se sientan cada seis meses a analizar sus salarios, deciden cuánto quieren cobrar, lo votan y lo aplican. En la cadena de hoteles Upstalsboom no lo votan directamente pero sí evalúan el mercado y sugieren las remuneraciones...

Máxima transparencia y un escenario casi idílico para el trabajador: ¿cuánto quieres ganar? Casi una utopía poder poner precio a tu esfuerzo, a tu implicación y a tu desempeño al tiempo que evalúas a los compañeros... Aunque la pregunta tiene trampa. Basta con cambiar el verbo principal incorporando al deseo un plus de autocrítica: ¿cuánto mereces ganar? Y de pragmatismo: conociendo los números de la empresa y la situación del sector, ¿cuánto crees que podrías ganar? Y hasta de corresponsabilidad: ¿estarías dispuesto a bajarte el sueldo en caso de necesidad?

De la transparencia a la presión. Hay un desafío en los nuevos entornos laborales para propiciar unas tablas salariales "ecuánimes" y "justas" pero, si invertimos por completo las reglas del juego, debemos ser conscientes de que al final nos exponemos todos... Imaginen a los trabajadores de la Renfe francesa: ¿36 jornadas de huelga contra ellos mismos?

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