Julián aguilar garcía

Abogado

Sobre el suicidio

Cada año cumplimos uno, aunque a veces tenemos la sensación de que son dos. Y ya van siendo bastantes. Eso implica que se nos van muriendo parientes, amigos y conocidos, primero de la edad de nuestros abuelos, luego de la de nuestros padres, de la nuestra y, en algún caso especialmente duro, de la de nuestros hijos. Muertes simplemente por vejez, por cáncer, infarto, accidente de tráfico … o suicidio.

En este terrible tema hay varios aspectos respecto de los que me hago preguntas y para los que no tengo respuestas. Si acaso, intuiciones.

¿Qué lleva a tantas personas a vencer al instinto de supervivencia y poner fin a su vida? En algunos casos puede ser una enfermedad, un debilitamiento de las capacidades que conlleva que apenas pueda hablarse de suicidio, diría yo, si faltan verdaderas conciencia y voluntad. Pero en otros supuestos se trata de personas aparentemente sanas, con o sin problemas evidentes pero sin duda menos definitivos e insolubles que la muerte, que sin embargo eligen. ¿Por qué? ¿Desesperación, soledad -real o percibida- ante los problemas, priorización errónea de elementos y objetivos en la vida? ¿Se habría podido hacer algo para evitarlo? Me parece obvio que nadie quiere dejar de vivir, sino dejar de sufrir.

Otra: no se habla del suicidio. Mueren miles de personas al año en España por esta causa (en Andalucía, Sevilla va a la cabeza, con Jaén, según leo) y no se habla de ello. Duplican a los fallecidos en accidentes de tráfico. Hay campañas de la DGT concienciando de la necesidad de ser prudentes; estudios sofisticados sobre la siniestralidad de las carreteras, sobre los elementos de seguridad activos y pasivos en los vehículos; obras para eliminar puntos negros de los caminos; ya no hay apenas pasos a nivel en nuestra red ferroviaria; se invierten fortunas en este tema. Todo ello me parece adecuado, necesario, plausible. Y es bueno darle difusión para que entre todos ayudemos a reducir el número de accidentes en calles y carreteras, con las muertes, lesiones físicas y anímicas y lutos consiguientes. Pero no se habla del suicidio. ¿Por qué? ¿Porque ello obligaría a la sociedad a plantearse la existencia de la muerte, esa gran olvidada? ¿Por falta de interés económico? ¿Porque implica el riesgo de hacer juicios morales (la filología es a veces significativa: en inglés, como saben, "suicidarse" se dice "cometer suicidio", lo que resulta sintomático de una manera de ver las cosas)? ¿Por el estigma tradicional que recaía sobre el protagonista y, acaso, su familia? Estigma por supuesto erróneo, porque aparte de que nadie debe juzgar y menos sin toda la información, si el que juzga es ateo debiera respetar que cada cual haga lo que le plazca mientras sea legal (otro día hablaremos de leyes ilegítimas) y, si es creyente, debiera recordar que, como proclamara el cura de Ars, entre el parapeto del puente y el agua da tiempo a hacer un acto de contrición.

En fin, de momento no tengo más respuestas que la compasión y la oración.

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