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El suplicatorio del carlista

Puigdemont no debe llamar mucho la atención en el Europarlamento. La Cámara está curada de espantos

Hay apuestas sobre el ruido que hará Puigdemont en el Parlamento Europeo, mientras se tramita el suplicatorio para que se le juzgue en España. No se le acusa de delitos de opinión: la Justicia le persigue por promover leyes fundacionales de la república catalana o de desconexión de España, por declarar la independencia de Cataluña y por violar la Constitución y el Código penal. Entre tanto, como buen ultranacionalista y populista experto, aprovechará el púlpito del Parlamento para hacer propaganda de su causa y su persona, presentados como una epopeya y un héroe. Ya verán.

La cuestión es si llamará la atención. Hubo otros antes que ya montaron escándalos; este tipo de acróbatas políticos no son una novedad en el europarlamento. Ian Paisley, clérigo presbiteriano irlandés, fanático del unionismo con el Reino Unido, fue expulsado dos veces del hemiciclo. En 1986 cuando interrumpió físicamente la intervención de Margaret Thatcher en Estrasburgo abordándola a voces con un cartel que decía "Ulster says NO". Y en 1988 por llamar anticristo a gritos al Papa Juan Pablo II.

La institución ha dado resbalones históricos. Por ejemplo, cuando en 1989 mandaba una delegación a Israel con un vicepresidente alemán, Franz Schönhuber, fundador y presidente del partido de extrema derecha teutón Los Republicanos, que había sido miembro de las SS, condecorado con la Cruz de Hierro. Cuando se supo, después del bochorno, se le sustituyó. El líder ultranacionalista francés Jean Marie Le Pen perdió su inmunidad como eurodiputado tres veces, en 1998 fue a petición de la justicia alemana por afirmar que las cámaras de gas eran un detalle de la historia.

Otro ultranacionalista, este catalán, hizo el ridículo. Heribert Barrera, que fue jefe de ERC en los 70 y 80, estuvo en el Parlamento Europeo en los 90 y se negó a hablar en español. Lo hacía siempre en un penoso inglés. No se le entendía y un día un diputado británico -hispanista- le rogó en público que hablara en español para que los servicios de interpretación pudiesen traducir y alguien se enterase de algo. Ha habido también quien se ha presentado a las elecciones europeas con el principal objetivo de conseguir inmunidad, como el español Ruiz Mateos o el italiano Berlusconi.

Así que no. El carlista Puigdemont no debe llamar demasiado la atención. Ni siquiera su suplicatorio; se suele votar al menos uno por pleno en el Europarlamento. La Cámara está curada de espantos.

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