Alto y claro

José Antonio Carrizosa

jacarrizosa@grupojoly.com

El tablero se mueve en Sevilla

Desde el domingo pasado, el paisaje político ha cambiado en Andalucía y eso afecta a la carrera electoral en Sevilla

Claro que no se pueden hacer extrapolaciones de unas elecciones a otras y que poco tienen que ver unas municipales con unas autonómicas o unas generales. Sobre todo, en las municipales, donde la gente mira mucho más el nombre que encabeza la papeleta. Ahí el grado de conocimiento del candidato es la clave y la imagen que proyecta puede mejorar, o empeorar, la de su partido. A menos de un año de que se abran las urnas para renovar los ayuntamientos lo cierto es que el Partido Popular va a ir a las elecciones con la autoestima por las nubes y la adrenalina a tope y los socialistas acudirán con la moral por los suelos y el sistema inmunológico tan débil que cualquier infección les puede dar un disgusto. Y esa infección va a tener su origen en el Palacio de la Moncloa.

Pero, insistamos, lo que los ciudadanos se van jugar el último domingo de mayo de 2023 es quién manda en su ciudad. Ahí van a jugar elementos que no han saltado al terreno de juego del 19 de junio y que van a resultar determinantes o, por lo menos, trascedentes. En Sevilla, esos elementos se llaman Antonio Muñoz y José Luis Sanz, los candidatos que presentan el PSOE y el PP. En las elecciones municipales, aunque no sea un procedimiento directo, se trata de elegir al alcalde de la ciudad y todo lo demás se supedita a este factor.

En el caso de Sevilla, los elementos que citábamos un poco más arriba se dan la vuelta. El que acude con moral de victoria y con un alto grado de conocimiento que le ha permitido su rodaje como alcalde durante los últimos meses es Antonio Muñoz. Y el que tiene que demostrarlo todo y, como necesidad imperiosa, darse a conocer es José Luis Sanz, que hasta ahora ha tenido un perfil demasiado bajo, dificultades para proyectarse en los medios y para tener una imagen propia.

Todo lo contrario de lo que le ha pasado a Muñoz. Desde que sustituyó a Juan Espadas a principios de este año ha hecho muchas cosas, pero una de la que más le ha ocupado es la de darse a conocer. El alcalde ha desarrollado algo muy parecido al don de la ubicuidad y no ha habido acto, mayor o menor, sagrado o profano, en el que su presencia haya sido requerida y no haya estado.

Pero sería absurdo no reconocer que el domingo pasado cambiaron muchas cosas en Andalucía y, por lo tanto, también en Sevilla. Si hace unas semanas se podría pensar que la batalla municipal de Sevilla estaba poco menos que decidida, ahora hay elementos en el tablero que permiten adivinar que las cosas no están tan claras. Las fichas ya no están en las mismas casillas. Se prevén unos meses interesantes.

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