La aldaba

Carlos Navarro Antolín

cnavarro@diariodesevilla.es

¡A tardear que el mundo se va a acabar!

Los hijos de la sociedad del bienestar no estamos acostumbrados a renunciar a nada, tenemos derecho a todo

Un hombre sentado en un banco. Un hombre sentado en un banco.

Un hombre sentado en un banco.

El presidente del Gobierno ha supeditado la urgencia en la toma de decisiones necesarias a sus intereses políticos. Nada le debía turbar su visita al Vaticano, donde ha reaparecido su señora. El viernes compareció para nada, el sábado fue recibido por el Santo Padre y ayer declaró el estado de alarma. Si era tan urgente, si estamos tan mal, si la situación es tan grave, hemos vuelto a llegar tarde, como ya nos pasó en marzo. Queda la duda de si verdaderamente hay un segunda ola, o si lo que realmente hay es una segunda caída en la misma piedra. Más grave resulta que Pedro Sánchez diga que no hay que recordar lo obvio, aquello que todo el mundo sabe, las más elementales normas de conducta en esta pandemia. Oiga, precisamente en eso hemos fallado. Si la inmensa mayoría (expresión favorita de tantos) fuera tan disciplinada y ejemplar, no hubiéramos llegado a la vergonzosa situación actual. Pues Sánchez dice que no hace falta obligar a aquello que todos sabemos que tenemos que hacer. Ay, el buenismo. Esta sociedad no tiene sentido de la disciplina alguna. Bastaba con pasear el sábado por la ciudad. Es cierto que mucha gente se ha retraído, tanto como que para propagar el virus basta con la indisciplina y la relajación de varios grupos de desalmados. No tenemos remedio. Ni capacidad de aguante. A los hijos de la sociedad del bienestar nos está tocando bailar con la más fea. El periodista José Luis Losa lo denunciaba en las redes sociales en la tarde del sábado: "El centro está a reventar de gente. La reacción de los ciudadanos cuando saben que mañana puede decretarse el estado de alarma no es voy a autoconfinarme porque la cosa está muy mal, sino voy a quemar las calles porque es el último día que puedo. Tenemos lo que nos merecemos". La generación de padres de entre 40 y 55 años, la que tiene a su cargo a los jóvenes veintañeros que salen los fines de semana, agradecerá el estado de alarma. Sánchez nos conduce al tardeo. Si triunfa el tardeo, expresión con la que aludimos a la experiencia de salir a comer y copear hasta que el sol se ponga, veremos si no se endurecen las medidas incluso antes de Navidad. No, señor Sánchez, deje el buenismo. De la masa nunca se puede esperar un sentido de la disciplina. Lo que no se haga por la noche, se hará de día. La sociedad del bienestar nos enseñó que tenemos derecho a todo, que el Estado nos lo da todo y que la Ciencia nos lo cura todo. Y en caso de problemas ya estarán los psiquiatras. ¡A tardear, a tardear, que el mundo se va a acabar!. Y qué bien dice mi presidente eso de "todos y todas". Ea, ya está todo arreglado.

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