La ciudad y los días

carlos / colón

A templo parcial

SE anuncia el programa de visitas nocturnas al Salvador. No se alarmen, no se trata de la Adoración Nocturna. No hay peligro de que se rece más de la cuenta allí, entorpeciendo su explotación turística y enojando a la Junta que no puso su dinerito (que es el de todos nosotros, también de los católicos que somos mayoría en España: un 73,1%) "sólo" para que se dedique al culto y esté abierto gratuitamente -lo propio de un templo- a quienes, guardando el respeto debido, quieran disfrutar de sus bellezas.

Haya tranquilidad entre los clérigos avida dollars que gobiernan la Catedral y el Salvador como Don Cangrejo El Crustáceo Crujiente y entre los laicistas que creen que el dinero público es solo suyo y no también de los contribuyentes católicos: las visitas nocturnas al Salvador se encuadran dentro del programa turístico Las huellas de lo sagrado.

Un nombre acertado porque de lo sagrado lo único que está quedando allí son huellas. Aquí se confesó, aquí se predicó, aquí se rezó, aquí se dijo misa… Todo en pasado. Tras su reducción a una misa diaria y museo al que se accede previo pago o identificación como nativo a través de la puerta con puestecillo de souvenirs y taquilla, sólo quedan huellas de lo sagrado en el Salvador.

Una huella es el rastro o vestigio que deja alguien o algo. Y esto, salvo por la misa diaria o los cultos anuales de las hermandades que allí residen, es lo que sobrevive de su pasado como iglesia colegial -la más importante de Sevilla tras la Catedral, que padece idéntica desamortización turística y museística- y parroquia. Si no fuera por sus hermandades, Pasión, el Amor y la Virgen del Rocío tendrían el mismo destino que la Virgen de las Aguas o el Nazareno de los Afligidos (muy bien restaurado, eso sí, como el propio templo; pero, también como él, ayuno de oraciones).

Sé que este artículo no sirve de nada. Son abrumadora mayoría los sevillanos a los que les importa un pimiento lo que se haga con el Salvador, los que aplauden este uso a templo parcial y los que querrían que ni tan siquiera esa misa diaria se dijera porque entienden que la inversión de dinero público es incompatible con el uso religioso. Pero, ¡qué quieren!, quien escribe a diario en un periódico no se puede permitir el lujo del marinero que le dijo al Infante Arnaldos aquello de "yo no digo mi canción sino a quien conmigo va". Y ésta es mi canción.

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