La esquina

josé / aguilar

La tentación de Sánchez

ESTA semana Pedro Sánchez ha venido a precisar su posición como secretario general del PSOE -aunque aún no candidato a la Moncloa- ante el avance fulgurante de Podemos y asimilados en el panorama nacional. Lo ha hecho en la buena dirección. No se ha equivocado, creo yo.

Desde las elecciones europeas, que trajeron cinco parlamentarios podemísticos -alguno, también místico a secas-, la izquierda se ha visto interpelada por este fenómeno, que no es insólito por su mera aparición, sino por su probable continuidad vigorosa. Las respuestas del sector socialdemócrata de la izquierda española (PSOE) han oscilado entre el susto y el ninguneo -que a veces es un síntoma del susto-, el miedo a que un tío que encima se llama Pablo Iglesias le arrebate el electorado y la altivez del primogénito de la izquierda con respecto a unos recién llegados.

Finalmente Sánchez ha roto en una posición pragmática y prudente: aspiramos a la mayoría, pero podemos pactar con Podemos puntualmente. Lo propio de un partido democrático es estar abierto a firmar acuerdos de legislatura e incluso a gobernar con otros partidos para acceder al poder en el ámbito que sea. Las fronteras inamovibles sólo pueden ser dos: que los pactos se sustenten en un programa común, lo que significa que hay cesiones mutuas, y que ninguno de los firmantes sea una organización totalitaria que se proponga destruir el sistema democrático. Quizás en Podemos haya gente que sueñe con implantar un régimen autoritario (mejor dicho, estoy seguro de ello), pero de momento sus métodos no atentan contra el pluralismo ni coartan las libertades ajenas.

La clave del posicionamiento de Pedro Sánchez es el carácter puntual y concreto de los pactos que contempla. En el pasado el PSOE ha incurrido en auténticas alianzas estratégicas con partidos radicales -y en buena medida antisistema-, y lo ha hecho por pura ambición de poder a toda costa y por aislar al Partido Popular sin desechar para ello las malas compañías. El balance ha sido desastroso, incluso desde el punto de vista del interés electoral de los socialistas. Pienso en el tripartito en Cataluña (con IU y ERC) y en el bipartito en Galicia (con el Bloque Nacionalista ultra). Supusieron unos cuantos años de poltrona y muchos años más de pérdidas y deterioro para el PSOE.

Si Sánchez busca en realidad configurar un cordón sanitario anti-PP juntándose con quien no debe, fracasará también.

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